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Molina Valverde, Sandra. San Juan de Dios, o la pasión por los enfermos. Gomeres: salud, historia, cultura y pensamiento [blog]. 18/12/2016. Disponible en https://gomeres.fundacionindex.com/?p=1780
Pastor, soldado y librero
Juan Ciudad Duarte, que pasaría a la historia como San Juan de Dios, nació en 1495 en Montemor-O-Novo, una próspera villa del Alentejo, en Portugal. Siendo niño un clérigo lo llevó a la villa de Oropesa (Toledo), donde vivió una parte de su juventud dedicándose al servicio de un noble, como pastor de su ganado. A sus veintidós años se alistó como soldado en el asedio de Fuenterrabía. Siendo expulsado del campo de batalla regresó a la casa donde h
abía vivido en Oropesa y allí pasó cuatro años, hasta que volvió a la guerra, en esta ocasión a Viena en la lucha contra los turcos.
Tras esta batalla regresó a la península ibérica, donde estuvo peregrinando durante un tiempo. Su siguiente destino fue Ceuta, allí trabajó en la construcción de la muralla de la ciudad y se ocupó de ayudar a una familia de exiliados portugueses con el sueldo que ganaba. A continuación se fue a Gibraltar, donde desempeñó diversos trabajos, y con sus ahorros compró libros y estampas religiosas para dedicarse a la venta ambulante. Más tarde decidió trabajar como librero en Granada, estableciéndose en un pequeño local cercano a Puerta Elvira.
Loco o iluminado
Juan de Ávila era uno de los predicadores más relevantes en Andalucía, y el librero decidió un día asistir a su sermón en la Ermita de los Mártires. A partir de este acontecimiento, Juan Ciudad experimentó un gran cambio en su actitud: salió de la ermita gritando, pidiendo misericordia, y se dirigió a su librería para destruir aquellos libros que no eran sagrados. Desde entonces, era visto por las calles con comportamientos extravagantes, mostrando arrepentimiento por las malas acciones que había cometido en su vida pasada, presentaba un aspecto muy descuidado, lo que dio lugar a que lo tomaran por loco, y como tal, fue ingresado en el Hospital Real.
Aquí fue víctima del maltrato que recibían los enfermos mentales en aquella época, pues eran atados, azotados y encerrados en celdas, esto se justificaba como lo adecuado para hacerles volver en sí. Dicha experiencia hizo que se revelara reclamando a los enfermeros que ofrecieran un trato humano a los enfermos, pero resultó en vano. Tuvo que aceptarlo sin otra alternativa, hasta que mejoró y dejaron de atarle y encerrarle en la celda, lo que aprovechó para cuidar a otros enfermos de forma amable y considerada.
Sintiéndose recuperado, Juan Ciudad optó por salir del hospital y encontrarse con Juan de Ávila. Aconsejado por este se marchó al Real Monasterio de Santa María de Guadalupe (Cáceres) para aprender sobre el cuidado de los enfermos, ya que en este lugar existía una relevante Escuela de Medicina, y el cuidado se basaba en técnicas científicas. Además, aquí se llevaba a cabo un cuidado caritativo.
Los primeros hospitales
Tras regresar a Granada, se dedicó recoger leña y a venderla para repartir lo que recaudaba entre los pobres que encontraba. Comenzó a plantearse dónde podría alojar a los pobres sin hogar cuando conoció al Señor Venegas, uno de los descendientes de una familia real nazarí que se convirtieron al cristianismo, y consiguió que este diese cobijo a los pobres (en la Casa de los Venegas, hoy conocida como la Casa de los Tiros).
Más adelante, con la ayuda de gente de buena posición económica, instituyó un hospital en la calle Lucena. Aquí se ocupaba de las tareas necesarias para el mantenimiento del hospital y el cuidado de los enfermos y pobres, así como de procurarles los recursos necesarios; salía a caminar con una capacha de esparto a pedir limosna gritando su célebre frase: “Hermanos, haceos el bien a vosotros mismos”. Así conseguía comida y dinero tanto para los necesitados del hospital como para cualquier pobre. Su concepción del cuidado contemplaba la atención individualizada y meticulosa de los enfermos, se encargaba de conversar con ellos para conocer cómo se sentían, qué necesitaban y reconfortarles.

Otras de las labores de Juan Ciudad fue prestar ayuda a las prostitutas para que se alejasen de ese tipo de vida, y encargarse de conseguir limosna para el enterramiento de los pobres. También logró convencer a un malhechor llamado Antón Martín para que abandonara su vida como proxeneta y desistiera de la idea de vengar la muerte de su hermano, asesinado por Pedro de Velasco. Antón Martín perdonó a Pedro, y tal fue la transformación de estos que acabaron encargándose junto a Juan Ciudad del cuidado de los necesitados. Por todas sus obras caritativas, Juan era llamado popularmente Juan de Dios, hasta que llegó a recibir oficialmente este nombramiento por el Obispo de Tuy.
El hospital de Gomeres
La cantidad de personas acogidas en el hospital creció enormemente, de modo que el espacio disponible en él fue insuficiente, a lo que Juan de Dios respondió estableciendo un hospital más grande y con mejores prestaciones que ofrecer a los pobres y enfermos. Se situaba en la Cuesta Gomeres y disponía de mejores recursos y terapias novedosas: camas individuales para enfermos, sala de pacientes infecciosos, técnicas de diagnóstico, usos de ungüentos, etc.
Ante la gran cantidad de costes que suponía el mantenimiento del hospital y la ayuda que prestaba a los necesitados, Juan de Dios tenía grandes deudas; esto le condujo hasta Valladolid para pedir limosna al Príncipe Felipe II, quien lo recibió y donó una aportación económica. También durante su estancia en Castilla pudo recaudar limosnas de personalidades de la nobleza, con lo que pudo solventar algunas deudas y afrontar ciertas necesidades.

Una de sus hazañas más conocidas fue la que ocurrió durante el incendió que se produjo en el Hospital Real. Cuando Juan de Dios vio la humareda que salía del hospital, fue hasta allí y entró en el lugar de las llamas para sacar a los enfermos, salvando a muchos. Afortunadamente, consiguió salir ileso.
Reconocimiento a su labor
Juan de Dios era una persona que se daba a los demás sin condición. Prueba de ello fue el acontecimiento en el que se involucró cuando se encontraba junto al río Genil y vio a un joven que se estaba ahogando, entonces se lanzó al agua para salvarlo, lamentablemente sin éxito. En consecuencia, padeció una pulmonía que le dejó en muy mal estado, y por ello decidió dejar en orden todas las deudas que tenía pendientes haciéndolas constar en dos libros.
La esposa de García de Pisa, Ana Osorio, convenció a Juan de Dios para que se hospedara en su casa y estuviera mejor atendido. En su estancia recibió la visita del Arzobispo, quien se comprometió a que la labor de ayuda a los necesitados seguiría adelante y se haría cargo de sus deudas. Juan de Dios pidió a Antón Martín que se ocupara del hospital y de cuidar a los necesitados. Su estado de salud empeoró hasta que murió el 8 de marzo de 1550. Recibió un entierro multitudinario en la Iglesia de la Victoria de Granada; hoy en día, sus restos se encuentran en la Basílica de San Juan de Dios.
En 1572, los compañeros de Juan de Dios que se encargaron junto a él de prestar sus servicios a pobres y enfermos, lograron que el Papa Pío V aprobara la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, que continúo funcionando con la filosofía de este y se extendió por otros continentes.
En 1630 fue beatificado por el Papa Urbano VII, y en 1690 canonizado por el Papa Alejandro VIII. Más tarde recibió nombramiento a nivel mundial como patrón de los enfermos y los hospitales por el Papa León XIII en 1886, así como el nombramiento de patrón de las enfermeras y personal sanitario y asociaciones sanitarias (Papa Pío XI, 1930). También fue reconocido como copatrono de la ciudad de Granada.
Fuentes bibliográficas
- Amezcua, Manuel. Juan de Dios el Santo, el Iluminado, el Enfermero. Bol Inf CP Granada, 1994; 35:28-29.
- De Castro, Francisco. Historia de la Vida y santas obras de San Juan de Dios y de la Institución de su Orden y principios de su Hospital, Edición facsímil, Córdoba, 1995.
- De Mina, M. Visitar la Granada de San Juan de Dios. 1994
- Gómez Moreno, M. Primicias históricas de San Juan de Dios. Reeditada, Granada, 2010.
- Eseverri Chaverri, Cecilio. Juan de Dios, el hombre. Un acercamiento a la dimensión antropológica del personaje. Index de Enfermería, 1995; IV(14): 19-22.
- García Pedraza, A. Una relación ignorada: Juan de Dios y los moriscos. Index de Enfermería, 1995; IV(14):23-26.
- Hernández Torres, JJ. Vida de San Juan de Dios. Granada: Clave Granada Editorial, 2003.
- Martín Casares, A. Cuidar descarriadas sanando su alma. Juan de Dios y las prostitutas granadinas del siglo XVI. Index de Enfermería, 1995; IV(14):27-30.
- Martínez Gil, José Luis. Sobre el nacimiento y procedencia de San Juan de Dios y su obra. Hispania sacra, estudios de edad moderna, 2006; 58(117): 69-100.
- Ventosa Esquinaldo, Francisco. Juan Ciudad, reflejos de la personalidad humana de un reformador. Index de Enfermería, 1995; IV(14): 15-18.
- Ventosa Esquinaldo, Francisco. Pensamiento de San Juan de Dios y la Orden Hospitalaria y su relación con la Enfermería: Conceptos y valores. Granada: Ediciones Alsur, 2012.
Esta entrada ha sido realizada por alumnado de 1º B de Enfermería de la Universidad de Granada en el marco de la asignatura “Evolución Histórica de los Cuidados. Teorías y Modelos”, curso 2016-17.
Hipócrates es considerado junto a Galeno (130-200 d.C) como el padre de la medicina occidental. Se piensa, pero no se sabe con total seguridad, que nació en el 460 a.C. en la isla de Cos en Grecia. Era hijo de Heráclides, que también fue médico y del cual aprendió sobre medicina, así como de su abuelo, y de Praxítela, de la familia de los Asclepiades, quienes venían ejerciendo la medicina dieciocho generaciones antes. Tuvo dos hijos, Tésalo y Draco, que fueron alumnos suyos, y al menos una hija.



Biografía
La serie de Nueva Gales conmemora el Jubileo de la Reina Victoria de Inglaterra, la cual promovió en la Enfermería una cuestación popular, con ocasión de su Jubileo e inició con su propia aportación, instando al gobierno que el resultado de la cuestación se destinase para la construcción de una Escuela para Enfermeras en el Hospital Antituberculoso.
Además, la Cruz Roja Española se extiende en España por iniciativa de la reina Victoria Eugenia, un cuerpo de enfermeras a semejanza de otros países de Europa, con la finalidad de desarrollar funciones de voluntariado sociosanitario: el Cuerpo de Damas Enfermeras. El periodo de existencia del Cuerpo de Damas Enfermeras abarca desde la impartición de las primeras “conferencias” formativas, en 1914, hasta 1985, cuando es sustituido por el colectivo mixto: Cuerpo de Auxiliares Sanitarios Voluntarios.
Stanisława Leszczyńska (Sierva de Dios, es decir una persona considerada especialmente pía en su fe) nació el 8 de mayo en el año 1896 en Lodz (Polonia), en uno de los barrios más pobres de la ciudad. Cuando Stanislawa tenía cinco años de edad, su padre fue reclutado por el ejército ruso, y durante cinco años sirvió en Turquestán. La carga de mantener a la familia cayó por completo en Henryka, que trabajó duro en una fábrica durante catorce horas al día. En tal situación, Stanislawa tomó sobre sus hombros la responsabilidad de cuidar a sus hermanos y realizar muchas tareas de la casa. Al cumplir siete años Stanislawa asistió a una escuela privada, donde las clases se impartían en polaco; lo que no es tan obvio dado que durante este periodo la ciudad de Lodz se encontraba bajo la influencia rusa (en el 1795 las estructuras gubernamentales de Rusia, Prusia y Austria llevaron a la eventual desaparición del país. Polonia recobró su independencia tras la Primera Guerra Mundial, en el 1918).
Durante la Primera Guerra Mundial durante los años 1914-1916 trabajó en el Comité para la Ayuda a los Pobres. En el año 1916 se casó con un impresor, Bronislaw Leszczynski, y tuvieron cuatro hijos. Ya estando casada realizó sus estudios en la Escuela Nacional de Maternidad en Varsovia, que terminó con Matrícula de Honor. Tras graduarse comenzó el trabajo de partera; ese trabajo trató más bien como una vocación y ministerio que como una profesión. En el periodo de entreguerras Stanislawa asistía a partos en casas particulares – en ese tiempo el dar a luz en casa fue algo natural. Durante los 38 años de su trabajo como partera no murió ni un solo niño que nació, y ni una sola madre que dio a luz.

2009. Diploma al Mérito de la ciudad de Granada


A partir de esta visita, siguiendo el modelo de las Diaconisas de Kaiserswerth, y su método de enseñanza de los cuidados, Nightingale desarrolló en el Saint Thomas de Londres un programa formativo de Enfermería basado en normas profesionales muy estrictas. Florence Nightingale sentó las bases de una nueva Enfermería profesional, dotada de un cuerpo de conocimiento propio.
Posteriormente hizo el primer curso de Enfermería, se convirtió en matrona. En 1935 se afilió al partido Comunista y fundó el comité de Enfermeras Laicas para denunciar el monopolio de las plazas hospitalarias por parte de las órdenes religiosas femeninas. Con el estallido de la guerra un año después, su partido le recomendó que trabajase en el hospital San Carlos y que en él formase un comité que propiciase la organización y asistencia sanitaria. Fue nombrada enfermera jefe, cuya misión era buscar y organizar los suministros.
Mercedes Milá Nolla fue una gran enfermera en el siglo XX, nacida en Barcelona el 22 de Septiembre de 1895. Por circunstancias familiares se trasladó a vivir a Madrid y fue allí donde estudió Enfermería en la Cruz Roja Española. Su padre era Comandante de la Marina y le inculcó la disciplina, la entereza y la fortaleza para avanzar en su trabajo como enfermera. Realizó en Londres un curso universitario de Directoras de Escuelas y Hospitales. A partir de ahí su padre muere y ella se queda sola en Madrid pues su madre vuelve a Barcelona. Se hace Visitadora Sanitaria realizando numerosos viajes de estudios y visitando escuelas de enfermería de diferentes países. Llegó a ser Presidenta de la Asociación Profesional de Visitadoras Sanitarias y más tarde la nombraron Inspectora Secretaria de la Escuela de Instructoras de Sanidad. Su carrera era imparable y su trabajo quedó reflejado en una revista que ella misma fundó “La Visitadora Sanitaria”.



En 1884 Ethel empezó a aceptar algunas “Practicantes pagadas” dentro del Programa de entrenamiento, estas estudiantes eran requeridas para proveer cuidados en casa de pacientes que no regresaban a los hospitales. En el año siguiente inició su trabajo sobre los derechos de las enfermeras que operaban bajo supervisión del hospital.
Al año siguiente de su matrimonio, y de su salida de Bart`s, ella y otras Matronas consiguieron una posición en la Oficina de la Asociación de Hospitales. El comité seccional después de largas deliberaciones llegó a la conclusión que las enfermeras deberían ser registradas cuando tuvieran al menos tres años de entrenamiento o de lo contrario no. El consejo de la Asociación de Hospitales desconoció la opinión del comité, considerando que el requisito de un año de entrenamiento o menos sería más que suficiente. Las Matronas renunciaron a la Asociación de Hospitales, rechazando rotundamente lo ocurrido.