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Trótula de Salerno

Autora: Mª Teresa Díez de los Ríos Mesa, 1º C (2014/15)

trotulaTrótula de Salerno fue una mujer con una gran importancia en el mundo de la medicina especialmente en el de la ginecología y la obstetricia. Vivió en un mundo dominado por los hombres en el que la única posibilidad de poder acceder al conocimiento las mujeres era a través de los monasterios. Así mismo el arte de la medicina también estaba reservado a los hombres. Salvo excepciones como la gran Hildegarda de Bingen, las mujeres solo podían ejercer como comadronas. El resto de saberes médicos les estaban vetados.
Pero en el siglo XI se fundaba en Salerno una escuela excepcional. Cerca del importante monasterio benedictino de Montecassino, se fundó la primera escuela médica laica y a la que tenían acceso las mujeres. En ella, las estudiantes de podían acceder a conocimientos médicos amplios, más allá de los relacionados con las tareas de las parturientas. De esta manera Trótula  consiguió entrar en este mundo de conocimientos con unas ideas tan eficaces que hasta el siglo XX existieron voces que quisieron dudar de su existencia.

Vivió en Salerno entre los siglos XI y XII (1110-1160) y escribió varios trabajos influyentes de salud  femenina. Fue profesora de medicina en la Escuela Médica Salernitana (el primer centro médico sin conexión con la iglesia, y considerada por algunos autores como la primera universidad europea). Sus libros se centran en los problemas de salud de las mujeres. Algunos investigadores afirman que fue la esposa de uno de los fundadores de dicho centro, Johannes Platearius, a quien posteriormente se le atribuiría la obra de Trótula.

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De esta forma Trótula se convirtió en una profesional capaz de tratar enfermedades como el cáncer, dolencias oculares o problemas en la piel. Pero sus ideas más revolucionarias para su tiempo estuvieron relacionadas con el área de la ginecología y la obstetricia. Estas ideas eran  muy avanzadas para su tiempo, como su apoyo a que se suministrasen opiáceos a las mujeres durante el parto para mitigar el dolor (iba contra la creencia religiosa de aquella época, que dictaba que el dolor en el parto se debía al rol de Eva en el pecado original), también afirmaba que los impedimentos para la concepción podían ser debidos tanto a las mujeres como a los hombres.

Se le atribuyen dos importantes obras propias: La Trotula Major y la Trotula Minor. La Trotula Major es un tratado de ginecología y obstetricia, en el que se trata la menstruación, la concepción, el embarazo, el parto o el control de la natalidad, además de diversas enfermedades ginecológicas y de otro tipo. Describe también diversas técnicas quirúrgicas, postula brindar una eficaz protección perineal y hace descripciones sobre las episiotomías. Sus tratados pediátricos dan normas sobre los lactantes y respecto al cuidado del niño en sus primeros meses de vida. La Trotula Major se usó como texto de medicina hasta el siglo XVI, habiendo sufrido multitud de plagios a lo largo de la historia.

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Trotula Minor es un tratado sobre el cuidado de la piel, la higiene y la cosmética, donde recomienda también a las mujeres de su época cuidar la higiene diaria, el ejercicio físico regular, masajes con aceites y una dieta equilibrada y saludable. Y completa estas recomendaciones con unas simples y curiosas recetas de cosmética femenina.

Las enseñanzas ginecológicas de Trótula de Salerno serían seguidas durante muchos años en toda Europa, convirtiéndola en la mujer de mayor prestigio en Obstetricia y Ginecología de la Edad Media. A pesar de las corrientes misóginas en la historia, el rol de Trótula es importante y poderoso, es el de una mujer y médico y matrona con carisma, inteligencia y dotes especiales de maestra e innovadora.

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La obra de Trótula fue tan revolucionaria para su tiempo que ya desde el siglo XII, empezaron a levantarse voces afirmando que era prácticamente imposible que una mujer pudiera haber escrito todo aquel saber y dieron la autoría de sus libros a su marido. Se llegó a afirmar que Trótula no había existido. Voces críticas que se levantaron incluso en el moderno siglo XX insistiendo en que no era posible que una mujer hablara de temas tan complicados.

Pero a pesar del empeño de algunos por silenciar a Trótula de Salerno, lo cierto es que sus ideas y sus conocimientos ginecológicos se enseñaron durante siglos en las universidades.

Bibliografía

-Al Adib Mendiri, Miriam. Trótula de Salerno, la primera ginecóloga de la historia. Mujer al Día en Ginecología (blog), febrero 2008. Disponible en https://www.miriamginecologia.com/blog/?p=455
-Ferrer, Sandra. La primera ginecóloga, Trotula de Salerno (1110 – 1160). Mujeres en la Hitoria (blog), 6 de julio de 2011. Disponible en https://www.mujeresenlahistoria.com/2011/07/la-primera-ginecologa-trotula-de.html

Bernardino Alvarez, fundador de la Orden de San Hipólito dedicada a los enfermos mentales

Autora: Elisabeth Moreno Vico, 1ºA (2014/15)

Bernardino Alvarez Herrera nació en Utrera (Sevilla) en 1514 y murió en México en 1584. Fue el cuarto hijo y único varón del matrimonio formado por Luis Álvarez y Ana de Herrera, de los que recibió una muy completa educación religiosa. Cuando contaba veinte años sentó plaza como soldado en las Indias, donde tuvo una azarosa y turbulenta vida. Al principio participó en algunas escaramuzas en la región de Zacatecas, en México, donde, durante una época, vivió como jugador profesional. Fue encarcelado y sentenciado al destierro en Filipinas, pero se fugó de la cárcel, y encontró refugio en casa de una mujer, en el barrio de Necaltitlán, de aquí salió para Acapulco y embarcar hacia Perú, donde continuó su vida de tahúr, consiguiendo reunir una gran fortuna que ascendía a 30.000 pesos.

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Por esas fechas falleció su padre, por lo que escribió a su madre proponiéndole que se trasladase a vivir con él al Nuevo Mundo en compañía de sus hermanas. Sin embargo, ésta declinó la oferta de su hijo, escribiéndole una carta en la que lo instaba a hacer buen uso de su crecido caudal en pro de los desfavorecidos de la fortuna. Conmovido por los consejos maternos, ingresó como religioso en el hospital del Marqués del Valle, en México, donde daba abundantes limosnas a los necesitados y se ejercitaba con frecuencia en penitencias muy rigurosas, como ayunos y disciplinas.

Bernardino Álvarez-1651 copiaDiez años más tarde, en 1567, tras observar que los locos vagaban por las calles sin que nadie los cuidase, fundó, con licencia de fray Alonso de Montúfar, arzobispo de México, una casa para pobres dementes que en principio ubicó en la calle de Zelada, y finalmente en un terreno cedido por el ayuntamiento junto a la iglesia de San Hipólito: el de San Juan de Ulúa, que, aunque en sus inicios fue hospital general, pronto quedó exclusivamente para enfermos mentales, siendo el primer centro psiquiátrico que registra la historia. Bernardino Álvarez sostenía a su costa una recua de cien mulas que, desde el puerto, servía para conducir a los indigentes hasta el hospital.

Viendo Bernardino Álvarez que cada día aumentaban no solo los pobres enfermos, sino también los religiosos y las limosnas, amplió su radio de acción, llevando a cabo las nuevas fundaciones de Oaxtepec (1568), Xalapa, Perote (1578), Acapulco (1584), San Juan de Montes Claros (1590), La Habana, Puebla de los Ángeles, Guatemala, Antequera, en el valle de Caxaca y Querétaro. Tanto crecieron las fundaciones y los religiosos dedicados a ellas que decidió crear una orden religiosa que los rigiera. Para ello se inspiró en la regla Agustina y fundó la Orden de San Hipólito, que fue muy favorecida en sus inicios por diversos pontífices, como Gregorio XIII, Sixto V y Clemente VIII, entre otros, aunque no fue formalmente instituida hasta que el papa Inocencio XII dictó una bula el 20 de mayo de 1700. El hábito de la nueva orden, ideado también por Bernardino Álvarez, se componía de paño pardo con escapulario y rosario al cuello. Desde la fundación de la Orden, las autoridades españolas la protegieron, por el gran servicio que prestaba a la sociedad, ya que, hasta entonces, los dementes no habían tenido la más mínima atención sanitaria. Ello fue causa de que se extendiera con rapidez por toda Hispanoamérica.

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El 12 de agosto de 1584, víspera de la fiesta de San Hipólito, fray Bernardino Álvarez falleció en la ciudad de México a los setenta años de edad. Recibió sepultura al día siguiente en la capilla de dicho hospital, asistiendo a sus funerales toda la ciudad que lloró su desaparición. Las exequias fueron precedidas por el Visitador Real y después Arzobispo de México Pedro Moya de Contreras, y el sermón fúnebre pronunciado por el provincial de la Orden de San Agustín fray Juan Adriano.

Bibliografía

-González de la Peña, Eduardo. 500 años del nacimiento de Bernardino Álvarez herrera, fundador de la orden de la caridad de san hipólito (1569), primera orden mexicana. Centro de Estudios Biográficos, Real Academia de la Historia. Publicado 30 septiembre, 2014.
-Louvier Calderón, Juan. Eguiara y Eguren Juan José de. Historia de sabios novohispanos. UNAM, México, 1998.
-Sierra, Vicente D. Enciclopedia de México, Vol. VII. Así se hizo América. Cultura Hispánica, Madrid, 1950.

 

Un hospital de Sangre en Granada: el hotel Alhambra Palace

Autora: Lucía Vallejo Sánchez, 1º A (2014/15)

El hotel Alhambra Palace de Granada fue utilizado como hospital de sangre durante la Guerra Civil española. Los propietarios cedieron a las fuerzas nacionales el establecimiento, que fue convertido en hospital de sangre. Durante el conflicto bélico, las monjas y mujeres que en él vivieron le pintaron enormes cruces rojas para que se supiera que ahí solo había heridos de guerra y civiles enfermos. De esta manera, las fuerzas militares no bombardearon la zona, lo que preservó intacto el legado histórico y arquitectónico del inmueble.

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Ignacio Durán, actual director comercial cuyo padre fue médico del hotel, piensa que el hotel pudo salvarse de los bombardeos gracias a esas cruces. En los largos y amplios pasillos del hotel se dispusieron las camas para los heridos.

enfermera 1936 Hospital de Sangre __ _800x600_¿Qué era un hospital de sangre? Era el lugar que durante la guerra civil se destinaba para hacer las primeras curas, después de los bombardeos a la población civil en la retaguardia. Mujeres ayudaban en las ambulancias y en los servicios sanitarios, aunque su trabajo no era reconocido por la sociedad y mucho menos remunerado, además sus condiciones de trabajo eran penosas.

Bibliografía

-García Nadal, Rufi. Enfermería. Trajes en la Historia.  Enfermera Española 1936 Hospital de Sangre. Disponible en https://www.rufigarcianadal.es/pintura/main.php?g2_itemId=482
-Redacción. Alhambra Palace, historia viva de Granada y patrimonio de Andalucía. Revista del Viajero, 12/09/2012. Disponible en

Alhambra Palace, historia viva de Granada y patrimonio de Andalucía

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Noticias históricas del Hospital de la Reina de Alhama de Granada

Autora: Marta Villarraso Gómez, 1º C /2014/15)

El Hospital de la Reina es un hospital eclesiástico que se encuentra en Alhama de Granada, creado por los Reyes Católicos en el año 1485 para los heridos de la Guerra de Granada, llevaba a cabo un procedimiento por el cual primero el cura le limpiaba el alma al herido y posteriormente el médico intervenía.

El deseo de Isabel y Fernando era mejorar la sanidad y modernizar el Reino de Granada que se había quedado atrasado con la decadencia de los últimos reyes musulmanes. Una vez terminada la Reconquista, fue adaptado para atender enfermos de todo tipo, pero no solo se limitó a ayudar a enfermos sino que también actuaba como refugio de peregrinos y como casa cuna. Posteriormente aparecieron las Hermanas Mercedarias, las cuales se hicieron cargo del cuidado de enfermos, además de dedicar parte del Hospital a la enseñanza de niños y adultos.

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Tras la creación en 1956 de la residencia San Jerónimo las monjas se trasladaron allí, dejando inutilizado el hospital, por tanto, se llevaron a cabo unas reformas destinadas a rehabilitar al edificio, con la consiguiente utilización del mismo para diferentes actividades, la planta de arriba fue destinada como biblioteca, mientras que la planta baja se utilizó como oficina de turismo. Actualmente el Hospital de la Reina es sede de la asociación de Termalismo de Andalucía.

Desde aquí os animo a visitarlo, además tiene muebles pertenecientes a la época.

Los esclavos en la Edad Media y la Edad Moderna

Autora: Mariona Bustio Alegre, 1º C (2014/15)

esclavos1La Edad Media y la Modernidad fueron épocas de cambios y grandes acontecimientos, todos ellos influidos de una forma u otra por la omnipresente Iglesia. Hemos visto que gracias a la doctrina Cristiana del socorro al pobre y al débil para conseguir la salvación, han aparecido nuevas formas de concebir los cuidados que han permitido que lleguemos a los modelos y organización actuales. Pero mientras veíamos que una enorme maquinaria asistencial e institucional se generó en torno a las clases marginales, me surgió la duda de si los esclavos, los olvidados de la historia, entraban en esta categoría o iban a parte.

Y esta duda me generó otra: ¿La Iglesia, esa ardida defensora de la caridad y amor al prójimo, por qué no se mostraba contraria a la esclavitud? ¿Por qué pretendía evangelizar a los “salvajes” del Nuevo Mundo para que alcanzaran la salvación? ¿Eran estos diferentes a los esclavos negros que habían existido hasta antes del descubrimiento de América (y que se perpetuaron hasta la abolición de esta praxis)? Bien, la repuesta es sí.

La justificación de la esclavitud

La esclavitud fue uno de los negocios más lucrativos que ha existido, y muchos Imperios se levantaron sobre la misma. Y eso convenía mantenerlo. Había varias maneras de volverse esclavo: Ser prisionero de guerra, ser atrapado robando o cometiendo algún otro delito menor y ser secuestrado en tu lugar de origen por los esclavistas. En los primeros dos casos la Iglesia podía justificar que a esas personas se les diera ese trato por ser considerados enemigos y pecadores, pero, ¿cómo justificar el tercero? Los amos de esclavos domésticos, quienes con el tiempo acababan encariñándose de sus “posesiones” por tener con ellas un trato más directo, podrían llegar a cuestionarse la idea de que esas personas careciesen de alma y no mereciesen el socorro y la salvación que el Ministerio predicaba.

Cierto es que el aspecto lucrativo que planteaba tener a un esclavo podría acallar la mayoría de esos pensamientos, pero del mismo modo que surgieron voces de protesta cuando se instauró el comercio de indulgencias, podrían también haber surgido otras predicando que el socorro también debía darse a esos seres humanos, y que era inmoral el comercio con ellos. Pero eso no ocurrió. La Iglesia halló la explicación perfecta para defender el comercio de esclavos negros en el siglo III y ésta permaneció hasta el siglo XIX. Y esa explicación la halló en el aspecto físico más visible de los esclavos: El color de su piel.

“Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?
Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.
Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.
Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra.
Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado. He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará.
Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara.” Gen 4:9-15.

Efrén de Siria, un padre de la Iglesia del siglo IV, afirmó que “Abel era brillante como la luz/pero su asesino (Caín) era oscuro como la oscuridad”. En el cristianismo armenio, en el llamado “Libro de Adán” (siglo V-VI d. C.) está escrito: “Y el Señor estaba enfurecido con Caín. Tocó el rostro de Caín con lluvia, que se ennegreció como carbón, y su rostro se quedó negro”. El libro irlandés Saltair na Rann (El Salterio en Verso, año 988) muestra al arcángel Gabriel anunciando a Adán “El oscuro e irresponsable Caín va a matar a Abel”. Y finalmente, según la beata y mística católica Anne Catherine Emmerich: “Los descendientes se hicieron cada vez más oscuros. Los hijos de Ham, hijo de Noé, eran más morenos que los de Shem. Las razas más nobles son siempre de color más claro. Quienes heredaron la marca (de Caín) engendraban hijos con la misma marca, y a medida que su corrupción se incrementaba, la marca también se incrementó hasta cubrir todo el cuerpo y la gente se volvió cada vez más oscura. Pero al principio no existía gente completamente negra, las personas se volvieron negras progresivamente”.

Estos son los estamentos en los que la Iglesia basó su defensa de la esclavitud. Dios castigó a Caín y a sus descendientes con la piel oscura, marcándolos como pecadores, por lo que compadecerlos o tratar de salvarlos era un sinsentido, hacerlo sería ir en contra de la voluntad del Señor y la gente quería la salvación y el Cielo. Así las conciencias de aquellos que pudiesen sentir dudas para con los esclavos negros, quedaban disipadas.

Aspectos jurídicos

Resuelta ya mi segunda pregunta, pasemos a la primera: ¿Cómo se establecían los cuidados de los esclavos? Empezaré por el apartado jurídico de la esclavitud, centrándome en las políticas seguidas por el Imperio Español. Se redactaron numerosos tratados, códigos y cédulas para regular la compra, comercio y cuidado de los esclavos, ya que este negocio era una de las principales fuentes de ingresos del Imperio y continuamente generaba conflictos entre esclavistas y compradores, que podían llegar a saturar los tribunales de justicia en sus pleitos por la venta de “productos defectuosos”.

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Citaré un documento que suscita especial interés por su directa referencia al cuidado y trato de los esclavos. Se trata de la Real Cédula de Aranjuez (31 de mayo de 1789). En ella se toma un enfoque diferente al que había habido hasta el momento, pues se especifica que el amo debe procurar un buen trato y cuidados a sus esclavos para que la productividad y desarrollo de las colonias americanas prospere. Además se establecen sanciones para aquél que no cumpla dichas ordenanzas. Voy a citar un fragmento específico del capítulo VI (llamado “De los viejos y enfermos habituales”), capítulo dedicado a las ordenanzas sobre el cuidado del cuerpo y la salud de los esclavos negros:

«Los esclavos que por su mucha edad, ó por enfermedad, no se hallen en estado de trabajar, y lo mismo los niños y menores de qualquiera de los dos sexos, deberán ser alimentados por los dueños, sin que estos puedan concederles la libertad por descargarse de ellos, á no ser proveyéndoles del peculio suficiente á satisfacción de la justicia, con audiencia del procurador síndico, para que puedan mantenerse sin necesidad de otro auxilio».

La creencia popular de que los esclavos negros eran físicamente superiores a los blancos y los nativos americanos prevaleció durante largo tiempo, por lo que los cuidados de la salud de los mismos no se tuvieron demasiado en cuenta, pues se creía que esa resistencia natural les ofrecía inmunidad frente a las epidemias y enfermedades que asolaban los continentes, y que eran capaces de resistir los castigos físicos de sus amos sin secuelas. Por esa razón, los esclavos se clasificaban en distintas categorías, y su valor dependía del sexo, la edad, las condiciones físicas y las habilidades que tuvieran como artesanos. Pero la cualidad de mayor relevancia estaba relacionada con su procedencia, es decir, si era bozal (recién llegado de África), ladino (adaptado) o criollo (nativo), siendo los bozales los más cotizados y caros.

La salud de los esclavos

Ese falso mito generó muchos problemas jurídicos y económicos, pues cuando finalmente los esclavos contraían una enfermedad incurable, su amo invertía capital en su cuidado (pensando que eventualmente se curarían generando suficientes beneficios para recuperar la inversión) y éstos no mejoraban, el amo denunciaba al vendedor por haberlo estafado. Esto se legisló de modo que los problemas de salud que presentaban se tomaron como «tachas» y «vicios», asuntos que devaluaban al esclavo en el comercio. Los principales defectos en los que se fijaban quienes los comercializaban, para no cometer el error de adquirirlos, fue la gota coral, el mal de corazón, las bubas u otros defectos como ser ladrón o borracho, aunque si alguna de estas «tachas» aparecía, quien adquiría el bien tenía la alternativa de exigir en el lapso de seis meses la acción «reedibitoria».

La evaluación médica de los esclavos la realizaba un médico o cirujano, y documentos de la época nos muestran las pruebas que se les realizaban, todas bastante similares a lo que nombraré a continuación:
– Se les liberaba de los grilletes.
– Se les examinaba la vista y la boca.
– Se les hace saltar, correr y mover las extremidades de distintas formas.
– Se les desnuda y examina los genitales, buscando posibles síntomas del mal de extranjería (sífilis).

Pero este concepto de superioridad física e inmunidad fue cambiando paulatinamente, cuando los amos se dieron cuenta de que esas “tachas” eran las mismas epidemias que les afectaban a ellos y que ignorarlas solo les reportaría pérdidas económicas. En el siguiente fragmento de texto (parte de un informe redactado en 1703 por Gerónimo Guzmán Céspedes, procurador general de la ciudad de Antioquia, Nuevo Reino de Granada), vemos esa toma de conciencia:

«[…] También les consta a vuestras mercedes que hace un año que corre una epidemia en todos los reales de minas desta jurisdicción a donde se han muerto mucho número de negros, y oy está actualmente picando en dichos reales y en esta Ciudad, cuyo tiempo han estado los minerales sin labor y los negros, unos enfermos, otros convalecientes y los demás cuydando de sus compañeros lo qual es matteria tan pública constante y verdadera que, si fuere necesario, ofresco la prueba; no refiero dos rigorosas pestes que han padecido en esta ciudad y su provincia en los años antecedentes en que quedó asolada esta Ciudad, la dicha Villa, los minerales y pueblos de los indios en que perdieron la vida más de dos mil personas libres y esclabos porque es constante, público y notorio en todo este Reyno […]»

El cuidado de los esclavos

En este texto también apreciamos quiénes eran los encargados de los cuidados de los esclavos enfermos, sobre todo en las minas: Los capitanes de cuadrilla (los esclavos a cargo de supervisar que el trabajo se hiciera) eran los encargados de cuidar de sus compañeros enfermos, y en caso de que las dolencias de estos superasen sus capacidades, le pedían al amo que les diese permiso para ir a ver a un médico. Por desgracia los amos de grandes cuadrillas de esclavos solían desoír las peticiones de sus esclavos de buscar ayuda médica, pues eso les ocasionaba un gasto que no estaban dispuestos a correr a no ser que gran parte de la cuadrilla estuviese enferma y no pudiese trabajar, cosa que les reportaría pérdidas económicas. Los esclavos domésticos, por otro lado, generalmente gozaban de mejores atenciones sanitarias, pues al ser menores en número que los esclavos de las minas y plantaciones, interesaba que se mantuviesen sanos, ya que su ausencia se notaba más.

Otros de los encargados de cuidar de los esclavos enfermos eran enfermeros que atendían hospitales específicos para esclavos, como el Hospital de San Bartolomé en Lima (en uso a partir de 1734, no fue exclusivo para esclavos, pero tenía una gran área dedicada a los mismos), en el que acudían los amos con los esclavos afectados de cualquier mal. Cabe mencionar también que la asistencia de los que acudían al hospital no era gratuita, el amo debía abonar un precio una vez su esclavo se recuperaba o moría. Es importante destacar el hecho de que la mayoría de esclavos eran atendidos por estos profesionales, ya que resultaba mucho más barato para el amo pagar a un enfermero, barbero, sangrador o comadrona que a un médico. Por otro lado los barcos negreros sí contaban con un médico a bordo, encargado de que la “mercancía” llegase en óptimas condiciones al punto de venta.

Aunque los esclavos fueran el sector más marginal y no considerados más que objetos, hubo algunas personas que sí los trataron como los seres humanos que eran, como algunos cristianos movidos por la caridad y una figura dentro del seno de la Iglesia que fue muy importante en el cuidado de los mismos: San Pedro Claver (1580-1654), considerado el patrón de los esclavos, ya que pasó casi toda su vida en el puerto negrero de Cartagena de Indias, cuidando y atendiendo a los serviles que allí llegaban.

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En conclusión podemos decir que los esclavos fueron un sector muy numeroso y clave para la prosperidad de las colonias europeas en América, pero también fueron los grandes olvidados de la historia. Su situación de vida miserable, trabajos extenuantes y desatención por parte de sus amos llevaron a muchos a la muerte. Y aunque los cuidados de salud que recibieron fueron, cuanto más, deficitarios, el papel de los enfermeros en los mismos fue de gran relevancia.

BIBLIOGRAFÍA

-Esclavitud en España. Wikipedia. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Esclavitud_en_Espa%C3%B1a
-Gallent Marco, Mercedes. La asistencia sanitaria a los marginados en la Edad Media. Universidad de Valencia (09/04/2012). Disponible en https://www.durango-udala.net/portalDurango/RecursosWeb/DOCUMENTOS/1/2_6331_6.pdf
-Libro del Génesis. Disponible en https://iglesia.net/biblia/libros/genesis.html#cap4
-Maldición y marca de Caín, tesis racista. Wikipedia. Disponible en https://es.wikipedia.org/wiki/Maldici%C3%B3n_y_marca_de_Ca%C3%ADn#Tesis_racista.2C_siglos_III_y_XIX
-Monge Juárez, Mariano. Paralelismo entre historia de la enfermería e historia de la esclavitud. Cultura de los cuidados 1999; III(5): 15-19. Disponible en https://hdl.handle.net/10045/5161
-Pedro Claver. Wikipedia. Disponible en https://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Claver
-Peláez Marín, Piedad. El cuerpo, la salud y la enfermedad en los esclavos del Nuevo Reino de Granada, siglo XVIII. Historia crítica  2012;  46:154-177. Disponible en https://historiacritica.uniandes.edu.co/view.php/747/index.php?id=747

Noticias históricas del Hospital Real de Santa Fe (Granada)

Autora: Karima Belmehdi, 1ºB (2014/15)

El Hospital Real de Santa Fe fué fundado por los Reyes Católicos. Fue uno de los ocho llamados de tránsito que fundaron los Reyes Católicos en los tiempos de la conquista de Granada en el año de 1492.Estos hospitales de tránsito tenían la finalidad de aportar abrigo y socorro a los pobres que caminaban de pueblo en pueblo buscando la caridad. Su función principal no era la curación de los pobres. También servía como cobijo nocturno para los pordioseros. También proporcionaba  transporte en bestias para conducirlos al hospital inmediato, o hasta llevarlos  a algún hospital de Granada. El hospital estaba dirigido por un hospitalero, que recibía nombramiento oficial y salario, viviendo además en una casa en el hospital. El hospital existió como tal hasta  1872, año en que fue vendido el edificio.

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La vida en el hospital. La asistencia en este hospital era similar a la de otros de su época. Una característica principal era la falta de condiciones higiénicas mínimas. La falta de limpieza afectaba tanto al propio edificio del hospital como a la ropa que usaban los enfermos. Esto daba lugar a la existencia de malos olores y de insectos que molestaban a los enfermos y provocaban sus quejas. También había una falta de ventilación, motivada por la creencia que se tenía en aquella época de que ésta resultaba muy perjudicial a los enfermos. Existía hacinamiento de los enfermos en las salas de enfermería, llegando, a veces, a ocupar varios enfermos una sola cama. Existía miedo de los enfermos a acudir al hospital, y los que acudían eran los desahuciados de la sociedad que terminaban de este modo sus días.

Población de Santa Fe. En el siglo XV, al poco de la fundación del hospital era de 218 personas. Santa Fé, a mediados del siglo XXIII (1752) tenía hasta 1900 habitantes. Se puede saber que de los 1900 habitantes, unos 400 eran pobres de solemnidad y estos eran los posibles usuarios del hospital. El principal medio de vida en esta época era la agricultura tanto la de secano como la de regadío.

Asistencia médica. Los vecinos estaban asistidos por un médico, un sangrador, una enfermera  y un boticario. El médico ganaba 200 ducados al año, el boticario otros 200 ducados  y el sangrador 100.

El médico, con nombramiento oficial de la Junta Mayor del Hospicio de Granada, desde 1759 hasta 1818, fue el funcionario del hospital de mayor importancia, en cuanto a titulación propia se refiere. Entre las obligaciones que tenía el médico estaban las de visitar a los pobres enfermos que hubiera en el hospital,  2 veces al día, y hacerles la certificación que necesitaban para ser conducidos a los hospitales de Granada. También tenían que examinar a los muertos y señalar la causa que hubiera provocado su defunción.

La figura del cirujano estaba identificada con la del barbero-sangrador. Las visitas del cirujano no estaban reguladas y parece ser que solo iba al hospital cuando era necesitado. Las funciones que debía realizar eran únicamente las de aplicar sangrías y poner ventosas, ya que los enfermos que había que operar eran enviados a los hospitales de Granada.

La primera enfermera que se sabe que sirvió en el hospital fue Isidora Cortés, que ocupó su puesto hasta que murió. El trabajo que realizaba en el hospital era de cocinera, encargada del aseo de las salas y lavar la ropa del hospital. El salario de esta y las siguientes enfermeras era de 100 ducados anuales.

El boticario no era un funcionario dependiente del hospital. Al principio se compraban las medicinas en una botica de Granada.

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Dirección del hospital. La dirección del Hospital Real de Santa Fé en principio dependió del Arzobispado de Granada, después estuvo dirigido por el  Real Hospicio y por último fue el Ayuntamiento de Santa Fé el que se hizo cargo del mismo.

Entrada de los enfermos en el hospital. Para la entrada de los enfermos era requisito indispensable una carta de caridad del hospital de donde venían, y en caso de que no vinieran de ningún hospital, era necesaria la presentación de un despacho de la Justicia del pueblo de donde procedieran. Por tanto, el hospital acogía solamente a los enfermos que procedían de otros hospitales. Los transeúntes eran reconocidos por el médico, para asegurarse de que no padecían ninguna enfermedad contagiosa. En 1814, año de la restauración absolutista del rey Fernando VII, se acogieron soldados heridos en las revueltas.

Estancias de los enfermos en el hospital. Existían dos enfermerías, una de hombres y otra de mujeres, cada una con capacidad de diez o doce camas. Había enfermerías de invierno (en la planta alta) y enfermerías de verano (en la planta baja). El primer rector puso seis camas de uso continuo, tres en cada sala de enfermería, camas pagadas gracias a las limosnas de los vecinos de Santa Fé y a las donaciones del propio rector. En 1784, ya se había abierto el nuevo hospital y ya existían seis camas, las cuales casi siempre se encontraban ocupadas. Sobre el año 1827 el hospital entró en desuso.

Enfermedades y medicinas. Para este periodo la Historia de la Medicina señala que se usaban bastantes medicinas como “la madre de perrio”, “espíritu de anís”, “agua de la reina de Hungría”, “bálsamo peruviano”, “goma arábiga”, etc. También se suministraban purgas con “extracto de ruibarbo”. En cuanto a los vomitivos se usaba “tártaro emético”, “raíz de ipecacuana”, etc. Como astringentes se usaba “tierra sellada”, “opio”, “raspadura de cuerno de ciervo”, etc.

Las enfermedades mas frecuentes eran apoplejías y perlesías, que se curaban con “tártaro emético”, “emplasto de vejigatorios”, “agua de la reina de Hungría”, “bálsamo de copaiba”. También había con frecuencia “accidentes ejecutivos de dolores”, y se usaba para curar las heridas “ojos de cangrejo”, “bálsamo peruviano”. Para las fiebres intermitentes se usaba “serpentina virginiana”. En la asistencia a los partos, que les sobrevenían a las mujeres durante el camino, se usaba la “mirra”, que “provoca el parto”. Se usaban también las plantas medicinales, en 1808, que en un pequeño huerto del  Hospital de Santa Fe, se cultivaban para autoabastecerse de ellas.

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Segundo Hospital Real de Santa Fe. El primer hospital entró en ruina y fue construido un segundo hospital, en el emplazamiento actual, que actualmente ya no hace las funciones de hospital. El primer hospital fue un descampado hasta 1773, cuando se demolió.  Estaba situado justo en lo que es hoy el altar mayor de la iglesia, y se le encarga al arquitecto Domingo Lois la construcción en 1796, de un nuevo Hospital en el solar que un día ocupó la casa de los Reyes Católicos. Actualmente el edificio, es Casa Rectoral, aunque ya no se conserva nada de su estructura original.

Arquitecto Domingo Lois Monteagudo (Alén, La Coruña, 1723 – Santa Fe, Granada, 1786). Alumno de la Junta Preparatoria de la Academia y discípulo de Ventura Rodríguez desde su llegada a Madrid procedente de su Galicia natal, Domingo Antonio Lois Monteagudo se matricula en 1752 en la recién creada Academia de Nobles Artes de San Fernando, donde es premiado en los concursos generales de 1753, 1754 y 1756, este último año con el primer premio de la Primera Clase por su proyecto para un palacio real con capilla, atrios y escalera.

Hacia 1772 volvió a Madrid desde Roma, con la idea de hacerse con la dirección de Estudios de Perspectiva en la Academia. No lo logró, pero lo designaron vocal de la Junta de la Academia que velaba por el cumplimiento de las normas de construcción de la Corona, lo cual le llenó de satisfacción pues supuso su reencuentro con Ventura Rodríguez, Villanueva y Machuca. En esta época dirigió en Granada iglesias de Ventura Rodríguez (Santa Fe, Loja y Vélez), y en los años ochenta proyectó  la iglesia de Montefrío (Granada), donde también hizo una casa señorial, hoy consistorio. Diseñó una capilla para el palacio del Pardo y el edificio de la Universidad de Granada, tampoco realizados.

BIBLIOGRAFIA

-Bugallal, Isabel. A la sombra de Ventura Rodríguez. La Opinión A Coruña, 11.11.2013. Disponible en https://www.laopinioncoruna.es/contraportada/2013/11/10/sombra-ventura-rodriguez/781376.html
-PMG. Lois Monteagudo, Domingo Antonio. Disponible en https://www.fundacionbancosantander.com/visita_virtual/dibujos_arquitectura/pdf/pdf_94.pdf
-Sánchez Dehesa-García, Rosa María. El Hospital Real de Santa Fe. Diputación Provincial de Granada, 1985.

Noticias históricas sobre el Hospital de los Marqueses de Linares (Jaén)

Autora: María González Flores, 1º A (2014/15)

El Hospital de los Marqueses es un edificio neogótico, un estilo que surgió en el siglo XIX bajo la influencia del romanticismo. Los Marqueses (Don José y Doña Raimunda) tenían el deseo de construir dicho Hospital para Linares. Adquirieron los terrenos y dejaron organizado en su testamento todo lo necesario para llevar a cabo el proyecto del Hospital a través de la Institución de la Caridad. Este Hospital se inauguró tras la muerte de éstos, el 30 de agosto de 1917, y dos años más tarde, se traen los restos para ser enterrados en el mausoleo.

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En el sótano de este Hospital se encuentra el Sepulcro de los Marqueses de Linares, donde hoy descansan cumpliendo la voluntad del Marqués de ser enterrado allí junto con su esposa, demostrando de este modo su apego con la ciudad de Linares. El impresionante sepulcro esculpido en mármol blanco y bronce, fue realizado por Lorenzo Coullaut Valera. El lateral derecho del Sepulcro hace referencia a la Institución de la Caridad. Vemos representado en él a los enfermos del hospital y a los ancianos del asilo.

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A lo largo de la historia la religión ha estado muy ligada a la medicina y al cuidado de los enfermos. En el siglo XIX, época de grandes cambios, la sanidad aún estaba más unida a la religión que a la propia ciencia médica, entre otras cosas porque dependía de las instituciones religiosas y la caridad para sobrevivir y mantener los hospitales. El Hospital y Asilo de los Marqueses o como se le llamó en su origen, de San José y San Raimundo, es un caso claro de esta unión tan firme entre sanidad y religión. El Hospital se originó a partir de una donación de los Marqueses que practicaban la caridad como muestra de su gran religiosidad. La gestión del Hospital se dejó en manos de las Hermanas de la Caridad, monjas que cuyo fin era el cuidado de los enfermos.

Linares en esta época y antes de la construcción del Hospital de los Marqueses, contó con los antiguos hospitales de San Juan de Dios y San Francisco. Como casi todos en la época, tenían muchas carencias y no daban abasto con la población creciente de la ciudad. La Junta Local de Beneficencia se ocupaba de las instalaciones sanitarias y dependía en gran parte de las donaciones, como las que ofrecían los Marqueses de Linares. Ya entrado el siglo XX, con el nuevo hospital en marcha, hubo muchas mejoras, pero las diferencias entre clases sociales continuaban.

El lateral izquierdo de la nave central de la capilla del Hospital da vida a todo un patrimonio de utensilios sanitarios que en su tiempo formaron parte del material empleado en el Hospital. Incluso se ha representado la escenografía de una sala de operaciones, donde se encuentra una lámpara de quirófano, un paritorio, y numeroso instrumental quirúrgico y sanitario. Además se ha restaurado un mueble que alberga los distintos compuestos farmacéuticos de la época en sus recipientes originales y objetos del Antiguo Laboratorio Municipal.

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El hospital incluye entre otros elementos materiales con los que realizar exploraciones ginecológicas (fórceps, dilatadores de cérvix, legra uterina, espéculo, etc.), recoger muestras vaginales, asistir un parto. Llaman también la atención los aparatos traumatológicos, las férulas que se utilizaban para la curación de huesos rotos, pinzas de reducción ósea que se usaban para aproximar fragmentos rotos, etc.

Linares fue y es una ciudad minera. Dichos mineros estaban expuestos continuamente al polvo de los materiales que extraían, muchos de los cuales eran tóxicos y con el tiempo provocaban enfermedades (silicosis o neumoconiosis y plumbiosis o saturnismo). En la actualidad estas enfermedades serían catalogadas como profesionales, pero en esta época era un concepto impensable. Por estos motivos el Hospital de los Marqueses se especializó en dichas enfermedades, pudiendo encontrar materiales como la bomba de vacío que era utilizada para extraer fluidos pulmonares, la lámpara y balanza hidortática utilizada para medir la densidad de los líquidos, etc.

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En la segunda parte del siglo XIX, cuando las instituciones comienzan a preocuparse de los problemas de higiene y salubridad en las ciudades y de la salud de sus habitantes, surgen los llamados laboratorios y farmacias municipales. Solo las ciudades más grandes tenían su propio laboratorio o farmacia municipal. Pero Linares, debido al crecimiento económico y demográfico que trajo la minería, y las enfermedades nuevas que aparecieron con ello, se necesitó un control de la salubridad y la higiene mayor que en otros municipios. Así fue como Linares tuvo uno de los primeros laboratorios de España y su propia farmacia municipal. Por lo tanto el Hospital contó con una gran cantidad de materiales farmacéuticos entre los que destacan un pildorero, moldes para dar forma a los supositorios o una prensa para jugos de botica, que comparten protagonismo con los antiguos aparatos de diagnóstico como son espectrómetros (para medir la energía que desprende una sustancia y que no es visible al ojo humano), microscopios, polarímetros, etc.

En definitiva en este Hospital encontramos un retazo de la historia de la medicina. Os animo a que visitéis uno de los edificios más emblemáticos del patrimonio linarense, el cual contiene parte de nuestra historia como sanitarios.

Noticias históricas del Hospital de San Lázaro de Granada

Autora: Marta Robles González, 1ºA (2014/15) [Ver al final presentación realizada por Elisabeth Moreno Vico].

La historia del Hospital de San Lázaro se extiende a lo largo de 470 años desde su instauración hasta su demolición. Por tanto, es un Hospital que en la actualidad se haya desaparecido, y solo vivo en los libros y en el recuerdo de unos pocos. En 1502 fue fundado por los Reyes Católicos, para recluir en él a los enfermos de lepra, de ahí el nombre que recibió “Hospital San Lázaro”, ya que este es el patrón de los leprosos.

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Tuvo varias ubicaciones, la primera fue en el Albaicín, en la casa de un noble árabe en la placeta de las Tomasas, pero al considerarse perjudicial para los vecinos  se trasladó cerca del rio Genil. Este lugar tampoco fue definitivo ya que en 1514 se volvió a trasladar esta vez extramuros frente a la puerta de Elvira. Por tanto, el Hospital de San Lázaro quedó definitivamente situado a nivel urbano, en una zona que posteriormente daría lugar al nombre del barrio adyacente, Barrio de San Lázaro.

El Hospital de San Lázaro era un sitio de reclusión de los afectados de lepra, al considerar la enfermedad como un mal contagioso e incurable. En las constituciones del hospital se recogía que sus enfermos podían pedir limosna en los caminos, pero no en las ciudades, para evitar el contagio de la población. Lo curioso de esto es que las limosnas recogidas se distribuían dando un cuarto del total al mendigo y el resto para el hospital. Los leprosos estaban totalmente rechazados por la sociedad y hasta por sus propias familias, debido al miedo al contagio. Provocaban repulsión por las deformidades físicas que sufrían.

El hospital fue fundado porque la pobreza y la enfermedad eran consideradas como un problema de orden público y social, y la asistencia una labor del Estado, aunque la Iglesia siguió manteniendo un papel preponderante. Fue el único hospital fundado en Granada en el siglo XVI con función asistencial y de aislamiento como prevención de la enfermedad. Presenta diferencias con las demás instituciones del siglo XVI como son la especialización con respecto a sus enfermos atendiendo en su mayoría a leprosos.

Finalmente en 1971 el hospital cerró sus puertas y, en mayo del 73, comenzó su derribo.

Fuente

Medina García, J. Hospital de San Lázaro de Granada: 470 años de historia, asistencia sanitaria y vida de los leprosos en el hospital. Cultura de los Cuidados 2012; 16, 34. Disponible en: https://dx.doi.org/10.7184/cuid.2012.34.05

Presentación de Elisabeth Moreno Vico

 

Henry Dunant, fundador de la Cruz Roja

Autora: Ana Isabel Campos Sánchez, 1º B (2014/15)

Hoy día 29 de octubre es el aniversario de la muerte de Henry Dunant, y ¿Quien fue este hombre?, Henry Dunant fue el fundador de cruz roja.

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Henry Dunant nació el 8 de mayo de 1828 en Ginebra, Suiza. Dunant provenía de una familia calvinista muy piadosa y caritativa. Era un hombre de negocios por lo que en 1859 viajo a Castiglione, una ciudad Italiana por un proyecto empresarial, cerca de esta ciudad a tan solo 5 kilómetros se encontraba el campo de batalla de Solferino donde se estaban enfrentando los ejércitos francés y sardo contra las tropas austriacas del emperador Francisco José por la independencia de Italia.

La batalla causó más de 40.000 heridos, que apenas recibían atención por falta de recursos sanitarios. Henry Dunant, testigo de esta tragedia humanitaria se olvidó del propósito inicial de su viaje y con ayuda de otros viajeros y vecinas de la región se dedicó a socorrerlos.

El impacto que le causó la experiencia vivida en Solferino le llevó a publicar en 1862 un libro que llamó “Recuerdos de Solferino” donde recopilaba sus reflexiones, este libro sirvió para sensibilizar a la opinión pública de la época sobre la suerte de los heridos de guerra, en el que plantea la idea germinal de la cruz roja. Es en esta época en la que Dunant madura la idea de prestar ayuda humanitaria a quien la necesitara, independientemente de su raza, nacionalidad, creencias, etc.

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Para llevar a cabo su propósito necesitaba apoyos y es el 1863 cuando la iniciativa fue recogida por la Sociedad Ginebrina de Utilidad Pública (organización privada con vocación filantrópica) que nombró una comisión integrada por cinco miembros, que impulsaron el proyecto y fundaron El Comité Internacional de Socorro a los Heridos. Un año después, en 1864, el Comité Internacional logra convocar con significativo éxito una Conferencia Diplomática en la que doce estados, entre ellos el español, firma el Primer convenio de ginebra.

A partir de 1872, las Sociedades de Socorro, van adoptando progresivamente el nombre actual de Sociedades Nacionales de la Cruz Roja, a sugerencia del Comité Internacional de Ginebra, siendo la Sociedad Española de la Cruz Roja la primera en hacerlo oficial.

La experiencia acumulada a lo largo de la primera mitad del siglo XX y la reflexión sobre las nuevas modalidades de guerra, propiciaron que en 1949 se firmaran los Convenios de Ginebra, Siendo en años posteriores necesaria la aprobación de nuevos protocolos debido al avance de la sociedad. Hoy en día Cruz Roja sigue siendo una de las instituciones que más ayuda sanitaria y social presta a todo aquel que lo necesita.