PRIMERA PRESENTACION
Autoras: Ana Belén Jándula Mateos e Isabel María López López, 1ºA (2014/15)
SEGUNDA PRESENTACION
Autora: Elena Belén Mirón Alcalá, 1ºA (2014/15)
PRIMERA PRESENTACION
Autoras: Ana Belén Jándula Mateos e Isabel María López López, 1ºA (2014/15)
SEGUNDA PRESENTACION
Autora: Elena Belén Mirón Alcalá, 1ºA (2014/15)
Autora: Marta Robles González, 1ºA (2014/15) [Ver al final presentación realizada por Elisabeth Moreno Vico].
La historia del Hospital de San Lázaro se extiende a lo largo de 470 años desde su instauración hasta su demolición. Por tanto, es un Hospital que en la actualidad se haya desaparecido, y solo vivo en los libros y en el recuerdo de unos pocos. En 1502 fue fundado por los Reyes Católicos, para recluir en él a los enfermos de lepra, de ahí el nombre que recibió “Hospital San Lázaro”, ya que este es el patrón de los leprosos.
Tuvo varias ubicaciones, la primera fue en el Albaicín, en la casa de un noble árabe en la placeta de las Tomasas, pero al considerarse perjudicial para los vecinos se trasladó cerca del rio Genil. Este lugar tampoco fue definitivo ya que en 1514 se volvió a trasladar esta vez extramuros frente a la puerta de Elvira. Por tanto, el Hospital de San Lázaro quedó definitivamente situado a nivel urbano, en una zona que posteriormente daría lugar al nombre del barrio adyacente, Barrio de San Lázaro.
El Hospital de San Lázaro era un sitio de reclusión de los afectados de lepra, al considerar la enfermedad como un mal contagioso e incurable. En las constituciones del hospital se recogía que sus enfermos podían pedir limosna en los caminos, pero no en las ciudades, para evitar el contagio de la población. Lo curioso de esto es que las limosnas recogidas se distribuían dando un cuarto del total al mendigo y el resto para el hospital. Los leprosos estaban totalmente rechazados por la sociedad y hasta por sus propias familias, debido al miedo al contagio. Provocaban repulsión por las deformidades físicas que sufrían.
El hospital fue fundado porque la pobreza y la enfermedad eran consideradas como un problema de orden público y social, y la asistencia una labor del Estado, aunque la Iglesia siguió manteniendo un papel preponderante. Fue el único hospital fundado en Granada en el siglo XVI con función asistencial y de aislamiento como prevención de la enfermedad. Presenta diferencias con las demás instituciones del siglo XVI como son la especialización con respecto a sus enfermos atendiendo en su mayoría a leprosos.
Finalmente en 1971 el hospital cerró sus puertas y, en mayo del 73, comenzó su derribo.
Fuente
Medina García, J. Hospital de San Lázaro de Granada: 470 años de historia, asistencia sanitaria y vida de los leprosos en el hospital. Cultura de los Cuidados 2012; 16, 34. Disponible en: https://dx.doi.org/10.7184/cuid.2012.34.05
Presentación de Elisabeth Moreno Vico
Autora: Ana Isabel Campos Sánchez, 1º B (2014/15)
Hoy día 29 de octubre es el aniversario de la muerte de Henry Dunant, y ¿Quien fue este hombre?, Henry Dunant fue el fundador de cruz roja.
Henry Dunant nació el 8 de mayo de 1828 en Ginebra, Suiza. Dunant provenía de una familia calvinista muy piadosa y caritativa. Era un hombre de negocios por lo que en 1859 viajo a Castiglione, una ciudad Italiana por un proyecto empresarial, cerca de esta ciudad a tan solo 5 kilómetros se encontraba el campo de batalla de Solferino donde se estaban enfrentando los ejércitos francés y sardo contra las tropas austriacas del emperador Francisco José por la independencia de Italia.
La batalla causó más de 40.000 heridos, que apenas recibían atención por falta de recursos sanitarios. Henry Dunant, testigo de esta tragedia humanitaria se olvidó del propósito inicial de su viaje y con ayuda de otros viajeros y vecinas de la región se dedicó a socorrerlos.
El impacto que le causó la experiencia vivida en Solferino le llevó a publicar en 1862 un libro que llamó “Recuerdos de Solferino” donde recopilaba sus reflexiones, este libro sirvió para sensibilizar a la opinión pública de la época sobre la suerte de los heridos de guerra, en el que plantea la idea germinal de la cruz roja. Es en esta época en la que Dunant madura la idea de prestar ayuda humanitaria a quien la necesitara, independientemente de su raza, nacionalidad, creencias, etc.
Para llevar a cabo su propósito necesitaba apoyos y es el 1863 cuando la iniciativa fue recogida por la Sociedad Ginebrina de Utilidad Pública (organización privada con vocación filantrópica) que nombró una comisión integrada por cinco miembros, que impulsaron el proyecto y fundaron El Comité Internacional de Socorro a los Heridos. Un año después, en 1864, el Comité Internacional logra convocar con significativo éxito una Conferencia Diplomática en la que doce estados, entre ellos el español, firma el Primer convenio de ginebra.
A partir de 1872, las Sociedades de Socorro, van adoptando progresivamente el nombre actual de Sociedades Nacionales de la Cruz Roja, a sugerencia del Comité Internacional de Ginebra, siendo la Sociedad Española de la Cruz Roja la primera en hacerlo oficial.
La experiencia acumulada a lo largo de la primera mitad del siglo XX y la reflexión sobre las nuevas modalidades de guerra, propiciaron que en 1949 se firmaran los Convenios de Ginebra, Siendo en años posteriores necesaria la aprobación de nuevos protocolos debido al avance de la sociedad. Hoy en día Cruz Roja sigue siendo una de las instituciones que más ayuda sanitaria y social presta a todo aquel que lo necesita.
Alumnas: Pilar Jiménez Machuca y Araceli Jiménez Lara, 1º B (2014/15)
El Codex Granatensis es un documento único que se guarda en la Biblioteca de la Universidad de Granada, en la cámara acorazada. Es el documento más valioso que se posee y pocas personas tienen acceso al documento original. El Codex Granatensis puede ser dividido en dos partes, que describimos a continuación.
En el siguiente enlace hemos intentado adjuntar el libro, no se si se podrá visualizar:
https://digibug.ugr.es/bitstream/10481/6525/7/Codex%20Granatensis.pdf
DE NATURA RERUM
Tomás de Cantimpré estudió Teología. A él se le atribuyen escritos acerca de filosofía, teología y hagiología. »De Natura Rerum» fue su obra culmen, redactada en un periodo de quince años. Esta obra está dividida en 19 tomos, cada cual trata de un tema diferente: el hombre, los animales, las plantas, las aguas, piedras y metales, astronomía, astrología y meteorología, elementos. Incluye también a animales mitológicos tales como la arpía, el grifo…
Es interesante constatar que Tomás de Cantimpré reunía un gran saber de muy diversos ámbitos, como podemos ver. En el siguiente enlace podemos visualizar una gran variedad de ilustraciones del Códice: https://www.youtube.com/watch?v=7App6EexdJY
TACUINUM SANITATIS
Este tratado, creado por Ibn Butlan o »Ububchasym de Baldach» , cristiano dedicado a la Medicina, nacido en Bagdad. Ibn propone una serie de elementos necesarios para lo que ahora conocemos como la homeostasis, es decir, el correcto mantenimiento y regulación de la salud. Para ello disponemos de: alimentos (comida y bebida), el entorno (ambiente y aire), el movimiento (ejercicio) y el reposo (descanso), el sueño y la vigilia, los humores (es decir, los temperamentos o fluidos), los estados del ánimo (felicidad, ira…). También es realmente importante llevar una vida alejada del estrés.
Según el médico cristiano, la salud es el equilibrio de esos componentes, por lo que la enfermedad surge de la inestabilidad de alguno de ellos. Para recuperarnos y conservar el bienestar hemos de entrar en sintonía con la naturaleza. Ibn Butlan recuerda que hemos de disfrutar de las estaciones, de la recolecta de frutos, cada clima con sus consecuentes características… Además, no hemos de ceñirnos solo al bienestar físico, sino también al espiritual. Nos recomienda cuidar nuestra alma con música, baile, una charla apacible…
En cuanto a la recogida de frutas tales como cerezas, albaricoques, granadas, melones, castañas, nueces… Una gran diversidad de hortalizas y verduras concurren en este manual de la salud. Cada ilustración posee una escueta explicación acerca de los beneficios y perjuicios del consumo de cada alimento.
Por último, añadir que el Codex Granatensis en 1986 fue objetivo de la codicia, debido a que una de sus páginas fue robada. Parece ser que el robo se produjo desde dentro de la organización.
OTRAS JOYAS DE LA BIBLIOTECA UNIVERSITARIA
En la Universidad de Granada hay muchos otros documentos importantes, como el Códice de Cyrurgia de Teodorico y el Códice Slavicus Granatensis, que pasamos a describir a continuación.
El Códice Slavicus Granatensis, forma parte de los códices manuscritos que se encuentran en las bibliotecas universitarias españolas, este en concreto en la Universidad de Granada. Esta obra corresponde al original de un manuscrito eslavo guardado en la Biblioteca del Hospital Real y pertenece al siglo XVII. Este manuscrito es objeto de un estudio aún en desarrollo, en el que se continua trabajando y profundizando. Está formado de dos partes, diferenciadas paleolográfica y codigológicamente: la primera parte es un menologio acompañado de una serie de tablas calendarios y la segunda parte es un eucologio.
Tras analizar el texto del manuscrito y su aspecto interno, confirmaron que el texto procede de la zona de la región de Moscú de la Gran Rusia a finales del siglo XVI. Por el aspecto externo, se piensa que pudo ser de algún sacerdote que practicara la lectura. No se conoce exactamente como llegó el manuscrito a España pero sí se sabe que en el año 1656 ya se encontraba en territorio español. Perteneció a un tal Adriano Broctus, y no se conocen las causas pero en algún momento entre 1656 y 1769 pasó a pertenecer al archivo de la Compañía de Jesús en Granada, y más tarde a la Biblioteca Universitaria de la ciudad.Destacar que el texto original estaba escrito en alfabeto cirílico, uno de los abecedarios utilizados hoy en día por el pueblo eslavo. Y concretamente este manuscrito se encuentra escrito en cursiva.
Primera Parte: Menologio. Es una composición religiosa que presenta el transcurso de los días festivos eclesiásticos en forma de calendario desde el mes de septiembre hasta el mes de agosto, citando la conmemoración a cada de cada santo o fiesta en cada fecha señalada. Además también posee una serie de tablas calendariales, las ‘Tablas Pascuales’. Otras formas de denominarlo son como: ‘synaxarion’, ‘martirologio’…
Este tipo de composición tiene su origen en los Menaia, una agrupación de volúmenes organizados según los meses del año (siendo por ello, doce). Sin duda el menologio de más valor es el ‘Menologium Graecorum iussu Basilii Imperatoris’ creado en el 984 por orden del emperador bizantino Basilio II Porfirogeneta. Tanto los menologios rusos septentrionales como meridionales son irregulares, llegando a conmemorar un santo en distintos días o errores similares. Era muy común entre el pueblo que a los santos se les atribuyesen poderes especiales determinados, muchos de ellos basados en la superstición. Un dato de especial interés es que en este documento, la cronología empleada no se corresponde a la utilizada en Europa en la actualidad. De hecho, la cuenta de los años se sitúa desde la Creación del Mundo, pero la ubican 5500 años antes del nacimiento de Cristo.
Las Tablas Pascuales nos aportan las claves acerca del hecho más importante a partir del cuál se rige el calendario eclesiástico. Además de proporcionar ciertos datos acerca del calendario litúrgico y las fiestas relacionadas con la Pascua. El manuscrito nos ofrece un ejemplar de tabla del ‘’Gran Ciclo de la Creación Mundial’’ cuya particularidad es que está introducida por el dibujo de una llave en la que se lee una leyenda. Otras tablas tratan los ciclos astrales, como la llamada ‘Pascua de los Judíos’ que contiene los plenilunios pascuales correspondientes a cada ciclo lunar.
Segunda Parte: El Trébnik. Contiene un Eucologio, es decir, un conjunto de textos relacionados con los oficios litúrgicos, con ritos eclesiásticos sacramentales u oraciones. Podría considerarse un libro religioso ‘de bolsillo’ de uso diario de los sacerdotes de pueblos y ciudades de la Edad Media. El trébnik eslavo más antiguo conocido es el ‘Eucologio del Sinaí’. Los trébnik rusos más antiguos datan del siglo XI-XII. La variedad de los trébnik permite la especialización de los mismos. El trébnik depurado y controlado por la autoridad de la Iglesia contiene oraciones canónicas (como es el caso del Codex Slavicus Granatensis) sin embargo, es muy común la introducción de oraciones apócrifas relacionadas con la medicina popular, hechizos y palabras mágicas basadas en la tradición pagana eslava.
Entre las oraciones se hace un seguimiento al rito de la comunión y la confesión dentro del sacramento de la extremaunción. También posee una sección especial de los pecados propios del género masculino y femenino. Esta lista de pecados era recitada por el sacerdote y el enfermo sólo tenía que contestar sí o no, para hacerle más sencilla la confesión. Para cerrar el rito, el sacerdote pronuncia la oración de absolución de los pecados. Además, encontramos una parte en la que hace referencia al Juicio Final. En él, la magia, las desviaciones sexuales, las prácticas astronómicas, zodiacales… serán condenadas con la pena de muerte por la Iglesia. De todo ello se deduce que el códice estaba enfocado a personas laicas, hombres y mujeres del pueblo, nobles con trato con el príncipe y con derecho a juzgar y a castigar a sus servidores.
Fuentes y Bibliografía
[Codex granatensis]. De natura rerum, de Tomás de Cantimpré. De avibus nobilibus. Tacuinum sanitatis, de Ibn-Butlán. Digibug,Universidad de Granada. Disponible en https://digibug.ugr.es/handle/10481/6525#.VFAIbzSG8iI
Casas Olea, Matilde. El Codex Slavicus Granatensis. Granada: Universidad, 2002.
El Codex Granatensis: el tatarabuelo de los ecologistas. El Códice Negro, 27 de abril de 2013. Disponible en https://elcodicenegro.blogspot.com.es/2013/04/el-codex-granatensis-el-tatarabuelo-de.html
Magafi. Codex Granatensis. You Tube, 20/11/2012. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=7App6EexdJY
Parra, Andrea G. La UGR guarda su Codex Granatensis en una cámara acorazada con otros incunables. Ideal.es 10.07.11. Disponible en https://www.ideal.es/granada/v/20110710/granada/guarda-codex-granatensis-camara-20110710.html
Autora: Mª del Rocío López Pérez, 1º C (2014/15)
Cuando comenzaron las clases de esta asignatura puede descubrir una parte de mi pueblo (Montefrío) a la cual no le había prestado especial atención, de lo que hablo es del Hospital San Juan de los Reyes, más conocido entre los montefrieños como el Hospital de las Monjas, una historia un poco larga que se remonta a sus orígenes.
Fue fundado en 1530 por don Juan de Carrión, escudero de los Reyes Católicos, que se quedó en Montefrío tras la conquista de la villa. En su testamento dejaba su casa para que fuera utilizada como hospital y que tuviera el nombre de San Juan de Mayo o San Juan de Puerta Latina. Con este nombre se hacía alusión al martirio sufrido por San Juan Evangelista, quien fue introducido en una gran vasija con aceite hirviendo frente a la Puerta Latina de Roma, y de la que salió con vida.
Respecto a su estructura interna debemos decir que se dividía en dos plantas: en la planta baja se encontraban la cocina, despensa, capilla, corral, lavadero, y en la segunda planta se encontraban las habitaciones para los enfermos (separadas por sexos) y en el centro una pequeña estancia para el enfermero.
Este estaba destinado para la gente de clase social baja y quienes atendían eran religiosos, de ahí que se denomine Hospital de las Monjas.
Su estructura primitiva ha sido muy modificada por su utilización a lo largo del tiempo. La fachada es la parte que menos modificaciones ha tenido, simplemente se le ha añadido un piso más y la espadaña que la remata.
Aunque a nosotros nos interese la parte en la que se destinó a hospital hay que mencionar que tuvo todo tipo de usos, desde hospital de beneficencia (ha sido uno de los más antiguos de la provincia de Granada, con uso hasta los años 90) o guardería hasta residencia de ancianos.
Este edificio fue declarado Conjunto Histórico Artístico Nacional en 1982 y solo ha permanecido sin uso desde el año 1990 hasta 2010, fecha en la que, tras su rehabilitación y volviendo a lucir en todo su esplendor, fue inaugurado como sede o Centro de todos los Servicios Sociales, de la Policía Local y para otros usos.
FUENTES
Ayuntamiento de Montefrío, página web. Servicios Sociales. Disponible en https://www.montefrio.org/paginas/servsociales.htm
Hospital de San Juan de los Reyes. MonumentalNet. Disponible en https://gomeres.fundacionindex.com/wp-admin/post.php?post=409&action=edit
Granadino. El Reino de Granada en la Edad Moderna. [Blog]. Disponible en https://1000-reinogranada.blogspot.com.es/2011/10/hospital-de-san-juan-de-los-reyes.html
Autora: Mariona Bustio Alegre, 1º C (2014/15)
Podéis leer la novela completa aquí
Los renglones torcidos de Dios es una novela publicada en 1979 por Torcuato Luca de Tena. En ella se relata la historia de Alice Gould, una detective que se interna en un hospital psiquiátrico siguiendo las pistas referentes a un caso de homicidio. Con la finalidad de documentarse adecuadamente, el autor se internó durante 18 días en una institución psiquiátrica, donde convivió directamente con enfermos mentales que sirvieron de base para la creación de los personajes de la obra (2).
Me voy a centrar en los capítulos en los que la imagen de las enfermeras es más relevante o se ve mejor definida, especialmente en el capítulo T llamado “La Jaula”.
Me resultan interesantes varias cosas de las que aparecen en el texto, la primera de ellas es la conversación de Alice con la enfermera que reparte los medicamentos, ya que es nuestra protagonista quién informa a la sanitaria (en un principio para librarse) de que no necesita ser medicada, y de no ser por eso seguramente hubiese sido inyectada. Así que apreciamos un hecho alarmante en el comportamiento de la enfermera: no revisar su lista antes de medicar a las enfermas.
Luego está la conversación de Alice con Rosellini, conversación muy parecida a la de la protagonista con Arellano, Montserrat y otros, en la que la mujer no es cuestionada en casi ningún momento y lleva muy fácilmente a los sanitarios a su terreno haciéndolos bailar a su son; hecho que podría entenderse si se tratase de una enferma de elevada capacidad intelectual y don de gentes (requisitos que Alicia cumple), pero que cualquier profesional sanitario con años de experiencia con enfermos mentales no permitiría. Por eso el comportamiento de casi todos los sanitarios me resulta bastante imprudente, pues la creen a pies juntillas y, como Rosellini en este capítulo, son capaces de incluso arriesgar sus carreras para salvar a Alicia (que cabe mencionar que no es diagnosticada hasta casi al final de la novela).
Otro hecho destacable de la conversación entre el médico y Alice es el momento en el que Rosellini se ofrece a entregarle libros sobre medicina que expliquen los casos de los demás enfermos, dando a entender que le contará a Gould qué enfermedad padece cada enfermo. Eso contradice el juramento hipocrático que realizan los médicos, de carácter ético, por lo que incluye la confidencialidad de los pacientes y el secreto profesional (que de incumplirse podría llevar a la destitución del profesional sanitario, penas de cárcel y su inhabilitación para ejercer (3).
También llama la atención la manera de afrontar la incontinencia de los enfermos. A lo largo de toda la narración y sobretodo en este capítulo vemos que el personal de enfermería no emplea ninguna medida para evitar que las enfermas manchen. Teniendo en cuenta que el tiempo en el que transcurre la novela es posterior a 1931 (ya que los personajes mencionan el Decreto Ley de ese año) y que los pañales modernos se empezaron a producir en masa en Estados Unidos en 1887 (4), parecería lógico que los pacientes con incontinencia llevaran estos elementos; y aunque en España aún fuese demasiado caro utilizar pañales desechables, los pañales de tela con más de un uso se han usado desde la antigüedad, por lo que esta ausencia se me hace extraña, ya que considero que tanto para los enfermos como para el personal de enfermería sería mucho más cómodo e higiénico el empleo de pañales, tanto para prevenir maceraciones de la piel y úlceras, como para disminuir la carga de trabajo de las enfermeras.
Aunque en este capítulo no aparezca reflejado, no todas las enfermeras son mujeres ni todos los médicos hombres; se mencionan profesionales de ambos sexos, algo que choca, pues pareciera que en esta época la sociedad aún estaría fuertemente encasillada en los roles de cada sexo, impidiendo que hubiese profesionales de un sexo realizando un trabajo atribuido históricamente al otro sexo. Pero es curioso que aunque no sea la corriente más conocida, desde siempre ha habido mujeres médicas y hombres enfermeros (5, 6).
Finalmente el fragmento del texto que más me ha llamado la atención, ha sido el siguiente, por su clara referencia a la teoría hipocrática de los humores:
Las sucias se identifican con el temperamento melancólico (ya que están ausentes y son incapaces de darse cuenta de su incontinencia) proveniente de la bilis negra; las furiosas con el temperamento colérico proveniente de la bilis amarilla; las inmóviles con el temperamento flemático (debido a que su estado podría clasificarse como el de cansancio extremo) proveniente de la flema; y las excitadas con el temperamento sanguíneo proveniente de la sangre. Eso nos muestra cuánto tiempo prevaleció esta teoría a lo largo de la historia.
Reflexiones finales
El marco histórico de la obra es la España de entre los años treinta y los setenta (no se llega a especificar en ningún momento), época marcada por acontecimientos tales como la segunda guerra mundial y la guerra fría a nivel europeo; y la segunda república, la guerra civil, el franquismo y el inicio de la transición a nivel de nuestro país. Toda esa convulsión socioeconómica marcó a los que la vivieron, dejando evidentes huellas en todos los aspectos de nuestra tierra. En la novela no aparece mencionado ninguno de estos acontecimientos, hecho expresamente para que no sepamos cuándo sucede la narración, de modo que el manicomio de Nuestra Señora de la Fuentecilla junto con el pueblo parecen estar aislados del mundo, en una burbuja ajena a la realidad de la época, cosa que para que nos centremos en la historia es positivo, pero históricamente no es exacto. Aun así es interesante porque nos muestra esta realidad ignota y nos acerca a los roles sanitarios desde la perspectiva de los enfermos.
Como conclusión cabe mencionar que me parece un libro extremadamente interesante pues nos muestra un entorno muy parecido al que podríamos encontrar en cualquier hospital psiquiátrico español de entre 1931 y 1979; la trama es muy original y nos abre las puertas a un mundo bastante desconocido y aterrador para la mayoría de la población.
FUENTES Y BIBLIOGRAFIA
1. Luca de Tena, Torcuato. Los renglones torcidos de Dios. México: Compañía Editorial, 1981. Disponible en https://cocatiz.files.wordpress.com/2009/08/luca-de-tena-torcuato-los-renglones-torcidos-de-dios.pdf
2. Los renglones torcidos de Dios (novela). Wikipedia. Disponible en https://es.wikipedia.org/wiki/Los_renglones_torcidos_de_Dios_%28novela%29
3. Alvarez-Cienfuegos Suárez, José María. Secreto médico y confidencialidad de los datos sanitarios. Asociación Española de Derecho Sanitario. Disponible en https://www.medynet.com/usuarios/jraguilar/secreto%20medico.htm
4. Diaper. Wikipedia. Disponible en https://en.wikipedia.org/wiki/Diaper
5. Hombres en la enfermería. Wikipedia. Disponible en https://es.wikipedia.org/wiki/Hombres_en_la_enfermer%C3%ADa
6. Sin autor. Participación de la mujer en la historia de la medicina Desde la Antigüedad al siglo XIX. Mujermedica 27/10/2011. Disponible en https://www.mujermedica.com/articulos_unitario.php?id=12
Alumna: Estefanía Pérez López 1º A (2014/15)
Isidoro de Sevilla fue un eclesiástico católico y erudito polímata hispanogodo. Fue arzobispo de Sevilla durante más de tres décadas y canonizado por la Iglesia católica, por lo que es conocido habitualmente como San Isidoro de Sevilla.
Compuso numerosos trabajos históricos y litúrgicos, tratados de astronomía y geografía, diálogos, enciclopedias, biografías de personas ilustres, textos teológicos y eclesiásticos, ensayos valorativos sobre el Antiguo y Nuevo Testamento, y un diccionario de sinónimos.
Su obra más conocida es Etimología (hacia 634), monumental enciclopedia que refleja la evolución del conocimiento desde la antigüedad pagana y cristiana hasta el siglo VII. Este texto, también llamado Orígenes y dividido en veinte libros, tuvo enorme influencia en las instituciones educativas del Medioevo y fue impreso diez veces entre 1470 y 1529. La temática de los libros es la siguiente:
Libro I. Acerca de la gramática.
Libro II. Acerca de la retórica y la dialéctica.
Libro III. Acerca de la matemática.
Libro IV. Acerca de la medicina.
Libro V. Acerca de las leyes y los tiempos.
Libro VI. De los libros y oficios eclesiásticos.
Libro VII. Acerca de Dios, los ángeles y los fieles.
Libro VIII. Acerca de la Iglesia y las sectas.
Libro IX. Acerca de las lenguas, pueblos, reinos, milicia, ciudades y parentescos.
Libro X. Acerca de las palabras.
Libro XI. Acerca del hombre y los seres prodigiosos.
Libro XII. Acerca de los animales.
Libro XIII. Acerca del mundo y sus partes.
Libro XIV. Acerca de la tierra y sus partes.
Libro XV. Acerca de los edificios y los campos.
Libro XVI. Acerca de las piedras y los metales.
Libro XVII. Acerca de la agricultura.
Libro XVIII. Acerca de la guerra y los juegos.
Libro XIX. Acerca de las naves, edificios y vestidos.
Libro XX. Acerca de las provisiones y de los utensilios domésticos y rústicos.
Voy a comentar el libro IV por ser el de mayor interés en nuestra rama. La enfermedad y la curación de la enfermedad ocupan una posición muy importante en los escritos de Isidoro de Sevilla. Debemos tener en cuenta que el desarrollo del cristianismo había centrado en el cuidado y atención de los enfermos un aspecto importante de la tarea piadosa de los buenos cristianos, que debían manifestar una continuidad respecto a las actividades sanadoras del propio Cristo. Los aspectos de curación de la enfermedad, tanto del alma como del cuerpo, van a merecer su atención.
De una forma más precisa, Isidoro trata del cuidado de los enfermos y de los medios de curación en el capítulo IX de su libro De Medicina incluido en la magna obra enciclopédica. Los términos de referencia antitéticos son la salud y la enfermedad. La salud la define como la integridad del cuerpo en una templanza en relación con la naturaleza: salud es la integridad del cuerpo y la templanza en la naturaleza, que procede de lo cálido y lo húmedo que es la sangre. La enfermedad estaría definida como un conjunto de padecimientos del cuerpo, en una ruptura del equilibrio. Para recuperar el equilibrio estaba el plan de cuidados más correcto: entre la salud y la enfermedad se encuentra el plan de cuidados, que en caso de no ser el conveniente no proporciona la salud.
Señala tres métodos para la curación de los enfermos, volviendo con ellos a conseguir el equilibrio adecuado:
1) La farmacia que se basaba en el uso de los medicamentos.
2) La cirugía, que se basaba en la operación en el cuerpo, realizada con las manos del médico, mediante la incisión; esta cirugía con instrumentos debe efectuarse cuando no se produce curación con medicamentos.
3) La dieta, a la que define como la observancia de la ley y de la vida, que consiste en seguir un determinado régimen.
No cabe duda de que la visión de la enfermedad y de la curación en Isidoro de Sevilla es eminentemente hipocrática. Así el erudito hispalense habla de los cuatro humores, la sangre, la hiel o bilis negra, la melancolía o bilis amarilla y la flema. En esta interpretación, la combinación de estos cuatro humores puede producirse mediante el equilibrio, que significaba la salud, o mediante la falta de moderación que traería consigo la enfermedad. De esta forma, la medicina era entendida por Isidoro, desde el planteamiento hipocrático, sobre todo como una dietética que perseguiría que el hombre recuperara la armonía.
El equilibrio podía buscarse bien mediante elementos ex contrariis, bien por elementos ex similibus. Así aplicaba un ejemplo de remedio en la aplicación de las vendas en función de la forma de las heridas: para una herida redonda se emplea un vendaje o ligadura redonda, y una alargada para una alargada. La ligadura no debe ser de la misma clase en todos los miembros del cuerpo, ni tampoco en todas las heridas, sino que debe tener una forma semejante a la herida o a la llaga que pretende curar.
Seguidamente Isidoro expone la existencia de la curación a partir de los diversos fármacos entonces conocidos. Así dedica cierta atención a los antídotos, la hiera, la arteriaca, la catartica o purgante, la triaca o antídoto del veneno de las serpientes, la catapocia o píldora que se tomaba en pequeñas dosis, el diamoron o jugo de la mora, el diacodión o jugo de la adormidera, el diaspermaton que se formaba por semillas, el electuario que se tomaba con facilidad, el trocisco o pastilla que tenía forma de rodaja, el colirio que servía para los ojos, el epitema que precedía a otros remedios, la cataplasma porque en solitario era remedio, el emplasto porque se ponía sobre la piel, o la malagma porque se maceraba sin necesidad de fuego.
Se clasifican a las enfermedades en enfermedades agudas, crónicas y de la piel, sigue la más asentada tradición clásica, en concreto las líneas que habían apuntado los escritores romanos de medicina como Celso y Galeno. Su preocupación es no sólo la de mencionar sus características, sino indicar los consabidos orígenes de su denominación. Ahora bien, si todas estas enfermedades muestran esa caracterización más clásica, una de ellas señala el indudable signo de los nuevos tiempos: nos referimos a la peste.
Es cierto que el concepto de peste o de pestilentia tenía en su tiempo ya una larguísima tradición. Podemos recordar las famosas plagas bíblicas, la voraz peste que asoló Atenas en el 431 a. C., o las pestes que asolaron el Imperio Romano en los siglos II y III. La descripción de sus síntomas, de sus características, parecen reflejar que siendo pavorosas pandemias, ninguna de ellas correspondía con la famosa Peste Bubónica, es decir, con la Peste Negra. No obstante, desde su irrupción en el siglo VI, en época del emperador bizantino Justiniano, la peste bubónica se había extendido por el Mediterráneo, llegando hasta el extremo de la Península Ibérica.
Los primeros datos que Isidoro recoge al respecto de esta enfermedad reflejan justamente la tradición clásica, en un contexto que indica la inexistencia de remedios conocidos contra este terrible mal. En su testimonio, la peste era una enfermedad de fuerte contagio, que teniéndola uno pasaba con muchísima rapidez a las personas que le rodeaban. Siguiendo la creencia helénica al respecto, afirmaba que el origen de este mal se hallaba en la corrupción del aire, reflejando que penetraba en las vísceras que era donde tenía sus principales efectos. No obstante, el obispo cristiano no podía menos que considerar que si físicamente la peste se producía por una afección del aire, la misma se debía a la voluntad divina con lo que dejaba en pie la insinuación de un castigo derivado de unos culpables.
Hasta aquí el conocimiento de la antigüedad greco-romana, sazonado con la visión de la actuación divina. No obstante, seguidamente Isidoro integraba unos datos que eran muy recientes, puesto que se referían de forma indudable a la peste bubónica, o inguinal, extendida desde el siglo VI, y cuyos brotes pandémicos eran una triste realidad en su época: también se llama inguinal, debido a la afección de la ingle. Igualmente se conoce con el nombre de Lues, que viene del latín Labes. Viene esta enfermedad de una forma repentina, y con ella la muerte.
En resumen, los escritos de Isidoro de Sevilla son un reflejo de la permanencia del saber clásico. Los aspectos médicos del conocimiento permanecen, pese a los nuevos condicionantes sociales que eliminan la existencia de profesionales de la salud. Pero el cuerpo doctrinal se enriquece con una nueva ética, aportada por el cristianismo, que une la curación del cuerpo y la del alma. El cuidado de los enfermos en los monasterios, tal y como aparece reflejado en las Reglas monásticas (tales como la isidoriana) es un buen reflejo de la nueva realidad. Y también aparece, en este caso en las Etimologías, una novedad referida a un terrible mal, el de la peste bubónica, y que no tenía remedios conocidos. Ese primer gran brote de peste bubónica había surgido en el siglo VI (peste de Justiniano), y no desapareció hasta dos siglos más tarde. Sería el precedente de la peste bien conocida, la Muerte Negra, que asoló el Mediterráneo desde mediados del siglo XIV.
Fuentes y bibliografía
García García Inmaculada, Ramos Cobos Maria del Carmen, Gozalbes Cravioto Enrique. Enfermedad y cuidados en la obra de Isidoro de Sevilla. Siglo VII. Index de Enfermería 2005 Mar; 14(51): 70-73. Available from: https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1132-12962005000300015&lng=en. https://dx.doi.org/10.4321/S1132-12962005000300015.
Herrera Carranza, Joaquín. El pensamiento de San Isidoro de Sevilla y su influencia histórica a través de autores del siglo Xx. Grupo de Trabajo Scripturium Isidori Hispalensis del Aula de la Experiencia. Universidad de Sevilla. Disponible en https://institucional.us.es/aulaexp/PanelP/ISIDORO%20JOR%20INV.pdf
Isidoro de Sevilla. Wikipedia. Disponible en https://es.wikipedia.org/wiki/Isidoro_de_Sevilla
San Isidoro de Sevilla. Etimologías. Edición bilingüe en 1 vol. preparada por J. Oroz Reta y M. A. Marcos Casquero. Biblioteca de Autores Cristianos, 2009.
Alumna: Belén García Velasco 1º C (2014/15)
Fue creado por los reyes Católicos en el sitio de Baza, cien años antes que en el resto de Europa.
Fuera de alguna catástrofe natural y de las epidemias que asolaron Europa, son los soldados, los combatientes bajo cualquier nombre, y en el trascurso del tiempo, pobres y peregrinos, los que primero y más asistencia colectiva han demandado, de lo que hoy llamamos sistema sanitario.
Los romanos, herederos de los griegos también en este aspecto, no disponían de una asistencia a heridos reglada; cuando las batallas se libraban cerca de Roma, los enfermos y heridos se trasladaban a la ciudad y ahí eran atendidos en casa de los patricios; si las acciones se desarrollaban más lejos, cada alto jefe se llevaba su propio médico cuando entraba en campaña y tras una batalla o en el transcurso de ella, el general procuraba que los hombres que estuviesen sanos retirasen a los heridos; hecha una somera clasificación, los leves, se curaban a sí mismos; los menos graves quedaban en el campamento atendidos por los compañeros ilesos, que procuraban aliviar sus sufrimientos y curar sus heridas. Al menos hasta el siglo I aC, no existen en los campamentos tiendas especiales para los heridos y enfermos, y los jefes seguían cediendo a sus médicos particulares. Con Augusto aparecen los médicos militares y se crean los valetudinarium u hospitales; mejorados, los heridos utilizaban los patios, pórticos y jardines del hospital para su recuperación y algunos de ellos eran enviados, para terminar su total restablecimiento, a los balnearios, muchos de los cuales aún subsisten.
Siguió ocurriendo lo mismo a lo largo de la Edad Media, la sanidad seguía siendo muy rudimentaria; las tropas eran las mesnadas, movilizadas por cada señor para una acción concreta, pero al parecer, médicos y cirujanos estaban excluidos “salvo que por nuestro mandato fueran llamados” decía Juan I.
Hernán del Pulgar, al referirse a los acontecimientos de la campaña de Granada en 1848, dice: “… é para curar los feridos é los dolientes, la reina enviaba siempre á los reales seis tiendas grandes é las camas, é ropa necesaria para los feridos y enfermos, enviaba físicos y cirujanos é medicinas, é homes que le sirviesen, é mandaba que llevasen precio alguno, porque ella lo mandaba pagar; y estas tiendas, con todo este aparejo, se llamaban en los reales el hospital de la reina…” Incluso se llega a decir que la reina y sus damas asistían a los enfermos y heridos en alguna ocasión.
Parece que algún hospital de campaña hubo en la batalla de Toro (1476), pero todo el mundo está de acuerdo que el primer hospital militar fijo, se crea, a instancia de la Reina Católica, en el sitio de Baza en 1489, así se lo comunica Pedro Mártir de Angleria al cardenal Arcinboldo deMilán. También el Prof. Lain Entralgolo reconoce “La medicina militar moderna, nace con los hospitales de campaña que el ejército de los Reyes Católicos empleó en la conquista de Granada…”.
La introducción de una incipiente artillería y armas de fuego ligeras, sitúa al médico ante problemas que los autores antiguos no podían prever. Casi trescientos años se tardarán en comenzar a dominar los tres grandes y graves problemas que se presenta a todo herido o paciente sujeto a intervención por otro motivo, que llega al hospital, como son combatir el dolor, la hemorragia y la infección, que a la postre causarán más bajas que las propias heridas.
¿Quién cuidaba a los hospitalizados? Primero fueron los monjes de las órdenes religiosas, pero en algunas de ellas tenían prohibido cuidar a las mujeres , por lo que se crearon ramas femeninas dentro de esas órdenes con este fin de cuidar enfermos y otras cuidadoras de excepción, son las mujeres que trasladan al hospital las cosas que están acostumbradas a hacer en su hogar, guiadas por el instinto, el cariño y cierta tradición sanadora, lavan a los enfermos, los alimentan, aprenderán poco a poco a curar heridas… habrá que esperar a que el pastor protestante Theodor Fliedner cree en 1836, una inicial institución con programas para el cuidado de enfermos y que poco después Florence Nightingale, funde a su vez, la primera escuela de enfermeras en Inglaterra, siguiendo los conocimientos que había adquirido en la escuela alemana de Fliedner; el desarrollo del oficio de enfermera, fue uno de los aspectos de la transformación de la medicina, pero ya estamos en el S. XIX y queda lejos aquel hospital que atendiera a los heridos del sitio de Baza, que fue el primer hospital militar fijo y que se adelantó en cien años a sus similares en el resto de Europa.
Bibliografía utilizada
– Lain Entralgo, Pedro. Historia de la Medicina. ANOTAR LUGAR DE EDICION Y EDITORIAL, 1978.
– López Piñero JM, García Ballester L. Introducción a la Historia de la Medicina. ANOTAR LUGAR DE EDICION Y EDITORIAL, 1971.
– Losada Méndez, José. La Sanidad en la época del descubrimiento de América. Madrid: Cátedra, 1994.
-Kenner, Walker. Historia de la Medicina. ANOTAR LUGAR DE EDICION Y EDITORIAL, 1996.
-Rodríguez González, Julio. Breve visión de la asistencia sanitaria a las legiones romanas alto imperiales. Revista de Historia Militar, 1993: 74: ANOTAR PAGINA INICIAL-FINAL.
– ANOTAR AUTOR. La Sanidad Militar española en su devenir histórico. Revista de de Sanidad de las FF.AA. Españolas 2006; 2 ANOTAR NUMERO Y PAGINA INICIAL-FINAL.
Animamos al alumnado de todas las disciplinas, y también al profesorado y a otros trabajadores de la Facultad a que dejemos en forma de comentarios en esta entrada nuestras primeras impresiones ante este importante acontecimiento.¿Qué nos parece el nuevo edificio? ¿Hasta qué punto supone un cambio sensible a nuestra labor académica? ¿En qué aspectos pensamos que puede favorecer nuestras actividades? ¿Qué desafíos abre hacia el futuro?
Deja tu comentario, envíanos tus fotos de estos primeros momentos, en unos días abriremos una galería fotográfica.
Autora: Sara García, 1º C (2014/15)
En la localidad de Íllora, situada a unos 30 Km de la capital granadina, he conocido la larga historia de su Ayuntamiento. Si lo visitamos es un edificio aparentemente nuevo, sin embargo, lleva construido desde el siglo XVII, y su utilidad ha ido cambiando: de convento, hospital e iglesia a colegio, y finalmente a ayuntamiento. Veamos con detenimiento todas sus etapas, sobre todo la de hospital que es la que más nos interesa en este caso.
Por petición de la población, la Orden de San Pedro de Alcántara de los padres descalzos (capuchinos) construyeron en 1669 un convento, iglesia y hospital con la ayuda de las aportaciones de los vecinos. Al llegar esta orden a Íllora para realizar estas instalaciones, se elige la zona alta del pueblo y finalmente en 1688 finalizarían sus obras. El edificio, de estilo manierista, tiene planta de cruz latina, con los brazos del crucero de escasa anchura y muros lisos y carentes de decoración. La nave está cubierta por una bóveda que recibe luz a través de lunetos y el acceso al edificio se realiza por un sencillo arco de medio punto. En un lateral se conserva aun el claustro del convento.
El convento tenía una clara función social, al usarlo la Orden como casa de hospedaje y centro de atención sanitaria para los necesitados. Los frailes también ofrecían un plato de sopa caliente una vez al día. Además muchos de los enfermos y pobres que morían en este hospital solicitaban ser enterrados en ese edificio.
Durante la epidemia del cólera, a principios del siglo XIX, no solo atendían en el hospital sino que también prestaban auxilio en las casas de los enfermos. Al finalizar la epidemia, de diecisiete frailes que formaban la comunidad, solo sobreviven tres, que son desalojados y trasladados a otra comunidad por la desamortización eclesiástica. En 1835 se subastan los bienes de la Orden, quedando solo la iglesia para el culto.
En 1.860, el control de sus dependencias la ejercía el gobierno político, desde el ayuntamiento, así como de su cátedra de latín. En esta época, se derriba la sacristía para ampliar su patio. En 1.899, el convento de San Pedro de Alcántara pasa a una comunidad religiosa de monjas, se rehabilitan algunas zonas como colegio y trabajaron en la enseñanza con niñas.
Finalmente, en los años ochenta, se derriban el hospital y el convento, y la iglesia se restaura y reforma para albergar las oficinas del actual ayuntamiento. Durante estas obras de restauración fueron encontrados los restos de centenares de personas que habían querido ser enterrados allí.
Con el pequeño recorrido histórico de este edificio se demuestra que quizá pasamos diariamente por algún lugar y no imaginamos el gran pasado que tiene, por ejemplo, en este caso, un lugar donde ahora mismo hay oficinas, en un pasado fue refugio de enfermos y pobres.
Fuente
Sin autor. Un recorrido por la historia de los barrios más antiguos de Íllora. DMP Íllora. Disponible en https://www.bibliotecaspublicas.es/illora/imagenes/contenido_9733.pdf