Archivo de la categoría: Patrimonio histórico

Nuestra visita a la Biblioteca Universitaria del Hospital Real

Autora: Alicia Guirado Iruela 1º B (2015/16)

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El Hospital Real fue fundado por los Reyes Católicos en 1504, años después a la toma de Granada, aunque la portada no se concluyó hasta el siglo XVII. Se trata de una obra en la que se mezclan elementos góticos, renacentistas o mudéjares.  Se encuentra localizado en la calle Cuesta del Hospicio y actualmente se trata de la sede del Rectorado de la Universidad de Granada y la Biblioteca Universitaria.

Este hospital se caracteriza porque siempre tuvo una mala organización, es decir, nunca funcionó bien, debido a que dependía de varias administraciones (la Iglesia, la ciudad).
En un principio estaba destinado para enfermos de sífilis también conocido como mal francés, pero después fue ocupado por locos. A estos últimos se les conocía también como inocentes, ya que no eran conscientes de lo que hacían. Fue en 1971 cuando pasó a ser parte del patrimonio universitario.

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El edificio cuenta con dos plantas. En la planta baja encontramos varios patios:
-Patio de los mármoles
-Patio de la Capilla
-Patio de los inocentes
-Patio del Archivo

En la segunda planta encontramos la Biblioteca Universitaria, en donde hay libros antiquísimos de todas las áreas.

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Entre la colección de libros de la Biblioteca Universitaria destaca el famoso Codex Granatensis. Es un documento que se encuentra en la caja fuerte de esta Biblioteca debido al gran valor que tiene. Se trata de un tipo de enciclopedia en la que se incluyen temas como: monstruos de agua, cuadrúpedos, insectos… hreall3

En el Codex Granatensis se hace una descripción de ellos y además son representados en dibujos realizados con pinturas naturales y muchos de estos dibujos llevan pan de oro.
En el Codex Granatensis también hay escritas algunas historias, de las cuales algunas no están completamente terminadas.

Dentro de la Biblioteca Universitaria encontramos otra sala en la que se encuentra la colección de libros de Emilio Orozco. En esta sala encontramos también una representación de la celda de San Juan de Dios, quien estuvo interno en este hospital.

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Clorosis o Mal de Amor

Autor: Lázaro Álvarez García 1º C (2015/16)

Introducción

La clorosis es una patología que tuvo su mayor apogeo durante los siglos XVI al XIX. Esta patología fue presentada en algunas pinturas como tema principal de las obras de numerosos maestros holandeses. En un principio se consideró como una anemia por deficiencia de hierro y actualmente no se presenta en los textos de medicina, esto no se explica ni por el tratamiento de sales ferrosas, ni porque ahora sea menos común. Por otra parte, hay otro significado que posee la palabra clorosis. Así se llama a la falta de actividad de los cloroplastos de una planta que le provoca un color amarillento.

Mal de amores, oil on canvas, 265 x 160 cm, painted 1912
Mal de amores, oil on canvas, 265 x 160 cm, painted 1912

Historia

La clorosis ya había sido tratada en los escritos hipocráticos. En Asia, en tiempos de Galeno, se llamaba clorosos a los hombres de cara pálida. La primera descripción amplia de la clorosis fue hecha en 1554, por el profesor de Heildelberg, Johannes Lange, de Silesia (1485-1565), bajo el epígrafe De morbo virgineo (morbus virgineus). Ambrosio Paré (1510-1592), la llamó cachexia virginium. La reseña del padecimiento, ya con el nombre de clorosis, fue hecha por Jean Varandal (Varandaeus), de Montpellier (1560-1617), en su libro De morbis et affectibus mulierum, en 1615.

JanSteen-Doctor'sVisit(1658-1662)Durante estos años surgen dos teorías diferentes de su causa:
1. Alteraciones en la sangre: se considera que su causa es la anemia que afecta a las mujeres debido a su condición o sexo. La mala higiene, alimentación, falta de hierro son los factores que provocan esta enfermedad.
2. Psicología: se cree que otra causa puede estar relacionada con el mito de la virginidad, con deseos y sentimientos reprimidos.

A principios del S. XX va disminuyendo el interés, y pasa por verse como una «pseudoclorosis», para terminar como la «consecuencia de una enfermedad» (no como enfermedad en sí misma), causada por infecciones (muy probablemente tuberculosis), por alteraciones hormonales (ovarios, tiroides), úlceras gastrointestinales, déficit alimentario, endocarditis… En 1936, F.M. Fowler escribre sobre su desaparición y finalmente, se ha concluido que se trataba de anemia hipocrómica.

Síntomas y signos

Se pensaba que era una enfermedad crónica que afectaba solamente a mujeres de entre 14 y 24 años que eran vírgenes. También podía afectar a cualquier mujer que estuviera embarazada o con la menopausia. Además esta clorosis podía recibir otros muchos nombres como: “mal de amor” o  “enfermedad de la virgen”.

Los síntomas observados por los médicos en aquella época fueron:
-Palidez que se prolongaba por todo el cuerpo.
-La piel adquiría una coloración amarillo-verdoso.
-Las extremidades inferiores sufrían tensión y lasitud.
-Se producen hemorragias nasales, palpitaciones, dolores de cabeza, somnolenncia, hinchazón de la cara, edemas en los tobillos.
-Trastornos en el apetito, tanto por exceso(obesidad), por ingerir cosas nocivas (ej:tierra) o por defecto (anorexia).
-Síntomas de tristeza, nerviosismo, hipocondría, ganas de llorar, irascibilidad…
-Reducción de la líbido, lipotimias, amenorrea, sofocaciones…

steen19Tratamiento

Los tratamientos que se llevaban a cabo para curar esta enfermedad eran:
-Sangrías, en algunos casos con sanguijuelas.
-Recomendaciones dietéticas.
-Píldoras de hierro.
-Pediluvios.
-Descargas eléctricas en el útero.
-El matrimonio o el embarazo.

Conclusión

Por una parte, con este tipo de tratamientos las mujeres no sentían ningún placer como señalaban algunos médicos de la Antigüedad, sino más bien sentían un gran dolor y el lógico abandono del tratamiento. Además, los beneficiarios de estos tratamientos era el patriarca, ya que así controlaba más aún a la mujer, y los farmacéuticos, que obtenían mayores ganancias con la venta de las píldoras de hierro.

Por otra parte  es importante destacar que la imagen de la mujer desde la visión de la medicina está teñida de discriminación de género. La mujer siempre ha sido vista como un ser frágil, débil e incluso limitada por sus genitales. Hoy en día este asunto no ha cambiado demasiado ya que muchas mujeres tienen que sufrir de parte de los médicos diagnósticos de `nervios` o causas patológicas en patologías orgánicas claras. Esto tuvo su mayor apogeo entorno al siglo XIX. Época en la cual las mujeres debían ser delicadas, entregadas, sacrificadas y embarazadas.

Se observa que la mujer estaba reprimida y sometida a las malas condiciones de higiene y alimentación, al corsé que estrangulaba el tronco. Esta situación desembocaría en que las mujeres padecieran anemia, astenia y depresión más que los hombres.

Finalmente quiero añadir un hecho importante de esta época, y es que se consideraba que la clorosis tenía como solución el matrimonio, ya que decían que las relaciones sexuales estimulaban el aparato genital y afluía sangre hacía él. Además, se consideraba que la masturbación era otra posible causa de la aparición de esta enfermedad.

Bibliografía

Asun. Clorosis: un caso de violencia institucional. Salud y género (blog), 8 de enero de 2012. Disponible en https://elgeneroenlasalud.blogspot.com.es/2012/01/clorosis.html

Bernabeu-Mestre, Josep; Cid Santos, Ana Paula; Esplugues Pellicer, Josep Xavier; Galiana Sánchez, María Eugenia. Una enfermedad de mujeres: medicina e ideología en el ejemplo histórico de la clorosis. Symposium: Well-being as a Social Gendered Process. Session 3: Health [Modena, Italy, June 26th-28th, 2006]. Disponible en https://www.ub.edu/tig/GWBNet/ModenaPapers/BernabeuEsp.pdf

Carrillo, Juan L. Medicina vs Mujer o la construcción social de una enfermedad imaginaria: el discurso médico sobre la clorosis. Historia Contemporánea 2007; 34: 259-281. Disponible en https://www.ehu.eus/ojs/index.php/HC/article/view/4153/3703.

Murillo-Godínez, Guillermo. La clorosis. Enfermedad (es) ¿desaparecida (s)? PortalesMedicos.com (blog), 31/05/2012. Disponible en https://www.portalesmedicos.com/publicaciones/articles/4387/1/La-clorosis-Enfermedad-es-desaparecida-s.html

Berta Wilhelmi y el sanatorio antituberculoso de la Alfaguara

Cómo citar esta entrada

Martínez Quesada, Carlos . Berta Wilhelmi y el sanatorio antituberculoso de la Alfaguara. Gomeres: salud, historia, cultura y pensamiento [blog]. 6/12/2015. Disponible en https://gomeres.fundacionindex.com/?p=1228

Biografía

Berta Wilhelmi de Dávila nació en Heilbronn (Alemania) en 1858. Fue a la edad de los 12 años cuando junto con su familia, formada  por su padre D. Fernando Wilhelmi, su madre Dña. Carolina Henrich, y su hermanastro Fernando, hijo del primer matrimonio de D. Fernando, llega a Granada. Entre uno de los motivos, si es que no fue el único, de su llegada a esta ciudad fue la construcción de una fábrica de papel tras haberse incendiado la que poseían en su ciudad de origen (1). Su mentalidad la podemos englobar dentro del Feminismo. Es muy probable que parte de culpa de esta la tenga el ambiente familiar liberal y laico y la cultura germánica de los que recibió influencia (2).

Poco más se sabe sobre su época juvenil. Nos tenemos que remontar hasta una fecha desconocida en la que se produjo las primeras nupcias con D. Fernando Dávila Zea, perteneciente a la noble familia granadina de Ponce de León. De este matrimonio surgieron sus dos hijos: Luis y Berta. Años más tarde se produjo la separación de este primer enlace ya que posteriormente se volvería a casar, en esta ocasión, con D. Eduardo Domínguez, trabajador de la Fábrica de papel, aunque esta relación también finalizó.
Como anteriormente hemos mencionado, su espíritu feminista se fue confirmando con sucesivos hechos. En 1892 se inauguró en Madrid el 13 de octubre (3), enmarcado en las conmemoraciones del Cuarto Centenario del descubrimiento de América, el Congreso Pedagógico Hispano-Portugués-Americano (4,5), donde la Señora Wilhelmi expuso una ponencia sobre «La aptitud de la Mujer para todas las profesiones» (6).

Otro hecho que corrobora tal espíritu se corresponde al círculo social del que se rodea, destacando de entre todos sus amigos el nombre de Fernando de los Ríos, el cual se comprometió más adelante con el Partido Socialista. Tal fue la fuerte amistad que les unió que Fernando, a su llegada a Granada en 1911, se hospedó en la casa que Berta habitaba en el Paseo de la Bomba, aunque no fue hasta octubre de 1912 cuando se estableció en esta ciudad (7).

Un tercer hecho, que se pueda constatar, es su contacto con la Institución Libre de Enseñanza, la cual se hizo patente por medio de la Primera Colonia Escolar (8), aunque la idea de esta emanase de la Sociedad Económica de Amigos del País de Granada (9) y del Museo Pedagógico. Esta Colonia fue posible gracias a la organización de esta por Berta junto a D. Cayetano del Castillo, así como las dotaciones económicas procedentes de la propia Sociedad Económica, Diputación, Ayuntamiento de Granada, Ayuntamiento de Almuñécar y de personas particulares. Tanto la Memoria de la 1ª Colonia como las sucesivas fueron publicadas en el Boletín del Instituto Libre de Enseñanza (B.I.L.E.) (10,11).

El lugar que Berta escogió para establecer las Colonias fue Almuñécar, zona idónea para llevar a cabo actividades al aire libre, excursiones y ejercicio físico así como para reforzar las ideas de descanso, alimentación, aseo corporal como componentes educativos básicos tan defendidas por ella. Entre 1912 y 1913 construyó en Pinos Genil, con dinero propio, una escuela mixta y una biblioteca con una dotación de unos 600 volúmenes, y en 1913 quedaron inauguradas ambas. En la actualidad, el ayuntamiento de Pinos Genil está construido sobre el solar donde se ubicó el colegio (12). De la Biblioteca no queda nada.

Continuó con su labor filantrópica y educadora en sus años posteriores, en concreto, hasta el 1931, cuando sufrió un derrame cerebral que la obligaría a dejar su actividad social. Se mantuvo así hasta el 29 de julio de 1934, fecha de su defunción. Se enterró, sin lápida, en el Cementerio de Granada. Su familia llevó a cabo su última voluntad que consistió en donar a los pobres todos los gastos que ocasionaba un entierro. Fue tal su labor que su huella se quedó grabada en la mente de todas aquellas personas que la conocieron, inclusive, recibiendo reconocimiento de importantes representantes de instituciones como el Defensor de Granada, así como, del alcalde de la ciudad.

Lucha contra la Tuberculosis

Antes de tratar una parte muy importante de su labor filantrópica como fue la lucha contra la Tuberculosis, quisiera aportar algunos datos sobre esta enfermedad en España de principios del siglo XX.

Según la OMS “la tuberculosis es causada por Mycobacterium tuberculosis, una bacteria bacilo que casi siempre afecta a los pulmones”, ya que puede afectar a otros órganos propagándose así a columna, vejiga, cerebro, pericardio, articulaciones, riñón, órganos reproductores, cavidad abdominal (13). Antes de continuar con la descripción clínica, vamos a conocer unos cuantos datos históricos acontecidos en España sin antes olvidarnos mencionar al descubridor del bacilo causante de la Tuberculosis como fue el premio Nobel y bacteriólogo alemán Robert Koch, en concreto, en el año 1882 (14).
Aunque es cierto que la Tisis tuvo gran incidencia entre finales del siglo XIX, conocida como la Peste Blanca (15), y la primera mitad del siglo XX, no hay que obviar su carácter arcaico ya que es una de las enfermedades más antiguas de la que se tenga constancia. Tanto es así que se llegaron a descubrir indicios de lesiones tuberculosas en esqueletos de la Edad de Piedra y del Antiguo Imperio Egipcio (16).

En España, la industrialización facilitó la difusión de dicha enfermedad al coincidir varios factores precipitantes tales como la aglomeración de la clase obrera en barrios periféricos insanos, jornadas laborales extenuantes desarrolladas en condiciones antihigiénicas, la   escasa cobertura sanitaria facilitada por el Estado y una alimentación deficiente. Todo esto llevó a considerarla como enfermedad social. Así como esta realidad era patente, surgieron, hasta 1936, Asociaciones y Organizaciones en la lucha antituberculosa, emanando así, en 1903, la primera asociación: la Asociación Antituberculosa Española (AAE) (17).

A medida que fueron pasando los meses durante la Guerra Civil fue empeorando la de por sí negativa situación creada por esta lacra, sobre todo, en las zonas rebeldes. La guerra trajo consigo además de miseria y muerte la facilitación de la transmisión de la tuberculosis (17). Como dato de interés, destacar una tesis doctoral realizada en el Laboratorio de Antropología de la Universidad de Granada. Dicha tesis analizó las defunciones producidas en Granada y las principales causas (la tuberculosis y bronquitis) de fallecimiento en el siglo XX, destacando un dato curioso: las horas más frecuentes para morirse fueron entre las 12 y las 18 horas (18).

Descripción clínica. El modo de propagación es de persona a persona a través del aire, ya sea por tos, estornudo o esputo. La Tuberculosis tiende a ser latente; es decir, una persona puede estar infectada por el bacilo sin estar enferma ni transmitir la infección. Cuando esta se presenta, los síntomas (tos, fiebre, sudores nocturnos, pérdida de peso, dolores torácicos, debilidad, etc.) pueden ser leves por muchos meses. Esto hace que los enfermos antes de encontrar atención médica hayan transmitido la bacteria a otras personas. Entre los grupos de riesgo los adultos jóvenes son los que tienen mayor probabilidad de padecerla. También tienen altas posibilidades aquellas que están infectadas por el VIH y aquellas que tienen el sistema inmunitario deteriorado (19).

Diagnóstico. El primer paso para dar un posible diagnóstico de tuberculosis es la realización de  una radiografía de tórax, la cual se presenta como anormal ya que la enfermedad se manifiesta como zonas blancas irregulares. También se realiza la prueba cutánea de la tuberculina (mantoux) y el examen de esputo, en el que se busca Mycobacterium tuberculosis. Aunque la prueba de la tuberculina sea una de las más fiables, solo señala que en algún lugar del organismo hay bacterias tuberculosas vivas.
Para corroborar de forma segura la presencia de esta enfermedad y la determinación del bacilo es necesaria la obtención de una muestra de esputo, líquido infectado o tejido para analizarla en el laboratorio (13).

Tratamiento. La tuberculosis es una enfermedad que se puede tratar y curar mediante la combinación y administración de cuatro antibióticos diferentes durante seis meses junto con información, supervisión y apoyo del paciente por un agente sanitario (19).

Sanatorio de tuberculosos de la Alfaguara    

De entre una de las actividades filantrópicas de Berta Wilhelmi destacamos el Sanatorio de tuberculosos de la Alfaguara. No dudamos en absoluto de la voluntad de Berta por luchar contra esta enfermedad sino que muy posiblemente tuviera mucho que ver el haber perdido a su hermano Luis, a la edad de doce años, por esta enfermedad. Fue el primer paso para llevar a cabo este proyecto (20). Dejando a un lado esta suposición, hay que ser rigurosos a la hora de establecer el origen exacto de este proyecto. Para encontrarlo nos tenemos que remontar al verano de 1919 y al lugar geográfico de El Purche (1.500 m. sobre el nivel del mar), donde se construyó una casita llamada «Las Acacias», en el que se albergó a ocho enfermas. Fue allí, donde, en 1920, surgió la idea del Patronato Antituberculoso de la Alfaguara, trampolín último para la creación, en mayo de 1923, del Sanatorio y dispensario de la Alfaguara (1) en la zona Haza del Pinar a (1.400 m. sobre el nivel del mar).

Fue tal la expectación que asistieron personalidades, tales como el gobernador militar, el gobernador civil, el arzobispo, catedráticos, médicos, decanos y representantes  del Ayuntamiento de Granada y de Alfacar, además de un numerosísimo público.

El sanatorio estaba formado por dos plantas y veinticuatro camas, doce para hombres y doce para mujeres. Los muebles fueron donados por la reina Victoria Eugenia, presidenta de la Cruz Roja de Damas. La mayoría de las plazas que se ofrecían eran gratis y otras a media pensión costaban 3 pesetas. Las instalaciones disponían de salas de consultas, salas de cura, de cirugía general, de otorrinolaringología, terraza, galería de reposo, calefacción a vapor, pararrayos, agua corriente, cocinas y cuartos de baño.

Tardó bastante en llegar el reconocimiento a toda su labor altruista, siendo en Noviembre de 1923 cuando se le otorgó a Berta Wilhelmi la Gran Cruz de la Orden Civil de Beneficencia (20).

En 1926 tuvieron lugar dos acontecimientos, por un lado, la inauguración el 16 de mayo, en el parque del Sanatorio, del Pabellón «Luis Dávila» para niños que llevará el nombre de su hijo fallecido en marzo de 1925 en un accidente de aviación; y por otro, la creación de  la Junta Provincial de la lucha antituberculosa en Granada (1).

El Sanatorio funcionó hasta la Guerra Civil y la postguerra bajo la dirección de Helene Bickman Alterhoff (20). Debido a que a unos 1.000 metros de la zona donde se ubicó el edificio tuvo lugar uno de los frentes de la Guerra, este terminó abandonado y prácticamente derruido (21).

Bibliografía

1. Ballarín Domingo, Pilar. «Feminismo, educación y filantropía en la Granada de entre siglos: Berta Wilhelmi» En: Ballarín, P.; Ortiz, T. (eds.). I Encuentro Interdisciplinar de Estudios de la Mujer: la mujer en Andalucía. Granada: Universidad de Granada, 1990. (Feminae; 3). pág. 342. Disponible en https://hdl.handle.net/10481/34728.
2. Ballarín Domingo, Pilar. «Bertha Wilhelmi y su defensa de la aptitud de la mujer para todas las profesiones». Arenal. Revista de historia de las mujeres. 1998; 5(1): 192. Disponible en https://hdl.handle.net/10481/22263
3. Fernández Poza, Milagros. «El debate educativo de finales del ochocientos y el Congreso Pedagógico Hispano-Portugués-Americano». Cuadernos de Historia Contemporánea 2007, vol. Extraordinario, 81-92: 84. Disponible en https://www.juntadeandalucia.es/educacion/vscripts/wginer/w/rec/3268.pdf
4. «La Institución Libre de Enseñanza y su aportación a la educación de la mujer española», apartado 1.2.2.2. El Congreso Hispano-Portugués-Americano de 1892. Disponible en https://goo.gl/LaF8AH.
5. Jagoe, Catherine; Blanco, Alda; Enríquez de Salamanca, Cristina. «La mujer en los discursos de género: textos y contextos en el siglo XIX», Ed. Icaria, 1998, p. 197. Disponible en https://goo.gl/lf8jGA.
6. Wilhelmi de Dávila, Bertha. «Aptitud de la mujer para todas las profesiones» Madrid: [s.n.], 1893 (Fortanet). Disponible en https://hdl.handle.net/10481/28089.
7. Fundación Fernando de los Ríos. Biografía. Disponible en https://goo.gl/zIHucl.
8. Wilhelmi De Dávila, Bertha. «La Primera Colonia Escolar Granadina: memoria presentada por su directora Bertha Wilhelmi de Dávila á la Real Sociedad Económica de Amigo del País: Septiembre de 1890». Ed. Granada: [s.n.]. 1891 Disponible en https://hdl.handle.net/10481/22396.
9. «Fondo de la Sociedad Económica de Amigos del País de Granada». 1775-1934      Disponible en https://archivo.ugr.es/pages/fondos/fondo_soceconomica.
10. Jiménez-Landi Martínez, Antonio. «La Institución de libre Enseñanza y su Ambiente». Tomo III. Periodo Escolar (1881-1907) pág. 110 Disponible en https://goo.gl/VRrrlG.
11. Martínez Medrano, Eulalia. «El Boletin de La Institución de Libre de Enseñanza (B.I.L.E.)» [https://www.juntadeandalucia.es/educacion/vscripts/wginer/w/rec/3044.pdf].
12. Garzón Cardenete, José Luis; Granados Palacios, Alberto. “Cien años del colegio Berta Wilhelmi de Pinos Genil”. Ideal.es (blog), 25 marzo, 2013. Disponible en https://granadablogs.com/granadarecuerdasuscosas/tag/colegio-publico-berta-wilhelmi/.
13. Sin autor. Tuberculosis. MSDsalud. S/a. Disponible en https://www.msdsalud.es/manual-msd-hogar/seccion-1/tuberculosis.html.
14. Sin autor. “Robert Koch y la bacteriología moderna”. La Medicina en la historia. Unidad 2: El proceso histórico de las ciencias de la salud. S/a. Disponible en https://www.juntadeandalucia.es/averroes/~29701428/salud/koch.htm.
15. Berlanga Gómez, Antonio. «Incursión a lo desconocido» Editorial: S.L. Punto Rojo Libros, 25/04/2014. Disponible en https://goo.gl/rMrreo.
16. Vidal, Pilar. «La peste blanca, una asesina ancestral» Periódico “La Opinión A Coruña”, 29/03/2013. Disponible en https://goo.gl/qqaqnA.
17. Palao Ibáñez, María del Carmen. «Una perspectiva social de la tuberculosis en España: 1900-1939» pág. 2,4 Universidad Complutense de Madrid. Disponible en https://goo.gl/pf8TaI.
18. Canal UGR. Recursos de información y comunicación. Fuente: Redacción Periódico Granada Digital, 12/03/2009. Disponible en https://goo.gl/ygPrDP.
19. OMS. “Tuberculosis”. Organización Mundial de la Salud, Nota descriptiva N°104, Octubre de 2015. Disponible en https://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs104/es/.
20. Puertas Única, María Belén. «Remembranzas de la Alfaguara»,         [blogdebelenpuertas.blogspot.com.es] 26/05/2010 Disponible en https://goo.gl/Wx0RRK.
21. Hospitales y sanatorios abandonados (España) [laexuberanciadehades.wordpress.com] Disponible en https://goo.gl/D6SgRg.

MATERIALES AUDIOVISUALES

Podcast Berta Wilhelmi: [https://www.bibliotecavirtualdeandalucia.es/opencms/valor-escuchar/08-con_voz_propia/026-berta_wilhelmi.HTML]

Vídeo Hospital de Berta 1: [https://www.youtube.com/watch?v=JH0B54ulW5w]
Vídeo Hospital de Berta 2: [https://www.youtube.com/watch?v=Shfk-6lT2QA]


Esta entrada ha sido realizada por alumnado de 1º de Enfermería de la Universidad de Granada en el marco de la asignatura “Evolución Histórica de los Cuidados. Teorías y Modelos”, curso 2015-16.

Relatos premiados en el certamen literario “La mejor enfermera”

Ver fallo del jurado en https://gomeres.fundacionindex.com/?p=985

 Relato premiado

“Al intimar”, por José Manuel Gómez Vega (Torrejón de Ardoz, Madrid)

 «I’m just a nurse. I just make the difference between life and death». Suzanne Gordon

 Te sentiste poseída por un odio visceral, tribal, cada una de tus células gritaba venganza. Nadie sospecharía nada, bastaría una almohada.

Era un viejo de ojos brillantes y gesto adusto. Una compañera te había dicho que fue rentista, «de los que viven del cuento». Acomodaste su almohada y quisiste leer unas gracias en el leve estiramiento de sus agrietados labios. Al cabo de unos días ya te habías acostumbrado a tu primer trabajo. También a su mirada. Nunca recibía visitas.

Apreciabas que cerrase los ojos cuando, con la ayuda de un colega, lo lavabas, que no te mirase mientras recorrías su piel de odre con una toalla húmeda. Parecía que tuviese los huesos pegados a la piel. No obstante, debía de haber sido un hombre fuerte, uno de esos morenos de ojos claros penetrantes. Tu colega debió notar un esmero especial, porque al terminar te aconsejó que no te encariñaras, «estos no duran mucho» dijo, y tú te sobresaltaste al pensar que el viejo lo hubiese podido escuchar. Regresaste para cubrirlo y componerle el embozo, dejando sus brazos por fuera, como a él le gustaba, y sentiste el roce áspero de su mano sobre la tuya. Seguramente quiso decir que ya lo sabía.

Desde entonces le permitías rechazar el puré o el yogurt. Pensabas que bastante tenía el pobre con morirse como para incordiarlo con la comida. En su taquilla apenas había nada: un elegante traje de alpaca, un par de libros en alemán, una caja de puros… Te giraste con la caja en las manos para amonestarlo con una sonrisa cómplice y él comenzó a gemir con ambas manos extendidas hacia ti. Al abrirla descubriste que contenía fotografías, todas en blanco y negro.

Así comenzó una agradable rutina, tú te sentabas sobre la cama, con las caderas próximas a sus costillas, y empezabas a mostrarle las fotografías. El viejo balbuceaba, trataba de explicarse. A veces se le escapaba una lágrima, otras una sonrisa. Eran fotos de ciudades irreconocibles, quizá centroeuropeas. En algunas, las menos, aparecían personas posando solemnemente. Se emocionaba tanto que apenas podíais ver unas pocas; no obstante, todos los días se revolvía incómodo hasta que te sentabas junto a él con la caja de puros. Sospechaste que al viejo seguían gustándole las mujeres, porque su mano derecha cada vez se posaba con menor disimulo sobre tus caderas o muslo. No querías pensar que esa fuese su intención, aunque tampoco te hubiese importado saber que con esos leves roces le proporcionabas un pequeño alivio a su sufrimiento.

Una tarde, tras la cuarta o quinta fotografía, apareció el primer uniforme. Sin atender a sus gesticulaciones, comenzaste a pasar las fotos sin mostrárselas. No te fue difícil reconocerlo; efectivamente, había sido un hombre atractivo, pero también un oficial de las SS. Apartaste su garra de tu muslo, te pusiste en pie y lo contemplaste con profundo desprecio. Sin duda ignoraba que eras descendiente de judíos exilados, que tus abuelos desaparecieron en un campo de exterminio de Polonia.

Pasaste esa noche en vilo.

El viejo lo supo, lo adivinó en tu mirada. Contemplaste sus ojos despavoridos y colocaste la almohada… bajo su espalda. ¿Qué había sido de tu odio? Nada, se evaporó en un vacío abisal. Al intimar con la muerte sentiste un asombro inmenso, una orfandad radical, una soledad infinita que ya no te abandonaría nunca. Un instante después comenzó su agonía, la del cuerpo.

Accésit

La mejor enfermera”, por Paula García Quirós (Cúllar Vega, Granada).

Tengo una teoría. Todas las profesiones tienen un olor. La mía huele a sonrisas. Mucha gente dice que mi profesión huele a hospital, a anestesia, a suero, yo, a pesar de todo eso sigo firme en mi idea de que huele a sonrisas.  Soy la calma antes de una operación, soy la mirada cómplice tras las malas noticias, soy madre e hija, soy la confidente e incluso la consejera, soy un “no va a doler nada, lo prometo”, en resumen, soy enfermera.

El día que conocí a Arón era lunes. Llovía y hacía sol por lo que el arcoíris era grande y nítido. Había ajetreo en el hospital y como casi siempre cada uno intentaba hacer su trabajo de la manera más eficaz posible. De repente oí una voz que venía de la habitación 125.

-Rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta. Rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta. Rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta. Rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta…

Cuando entré había un niño sentado en la cama. Tendría unos ocho años y la sonrisa más brillante que había visto nunca. Sus ojos brillaban tanto que le daban color y brillo a toda su cara, una cara marcada por los tratamientos y las operaciones.

-¿El arcoíris se puede tocar?- me preguntó.

– No se puede tocar, cariño. ¿Cómo te llamas?

-Me llamo Arón y tengo ocho años casi nueve y mis padres dicen que estoy aquí porque tengo que estar, pero yo quiero tocar el arcoíris.

Hablamos durante media hora y seguí trabajando. Miré su historial cuando tuve un rato. Arón, ocho años (casi nueve), leucemia desde hacía dos años, necesitaba un trasplante para sobrevivir.

Al día siguiente volví a hablar con Arón, y así todos los días hasta que Arón cumplió nueve años. Ese día le montamos una fiesta en su habitación y la llenamos de arcoíris, de tartas, de cupcakes y de batidos de chocolate. Cuando todo el mundo se fue, me quedé con él.

-¿Sabes qué? De mayor quiero ser trabajar en lo que tú.

-¿Quieres ser enfermero? ¿Por qué?

-Porque no me gusta el olor a fuego de los bomberos, ni el olor a luna de los astronautas, ni el olor a tiza de los profesores, me gusta el olor a sonrisas.

-¿Los enfermeros olemos a sonrisas?

Y no hizo falta respuesta, Arón sonrió de una manera que iluminó la habitación.

Las semanas siguientes fueron duras, Arón estaba débil y cada día más grave. Su trasplante no llegaba y su sonrisa iba perdiendo luz. Decidí que había que hacer algo y hablé con sus padres y pusimos en marcha toda una campaña para conseguir esa donación. “No dejes que se apague el arcoíris”. Dimos charlas para concienciar de la importancia de las donaciones de médula e incluso Arón fue participante en algunas de ellas. Muchas personas se hicieron la prueba pero no encontrábamos a la persona compatible. Estuvimos un mes con la campaña y cuando creíamos que no encontraríamos apareció la persona compatible.

Cuando Arón recuperó su sonrisa (una incluso más bonita, más brillante y más grande) ya tenía nueve años casi diez. Era miércoles y llovía y hacía sol, y el arcoíris volvió a salir brillante y nítido.

Y eso es lo bonito de ser lo que yo soy y de hacer lo que yo hago. Que por mucha lluvia que haya, los enfermeros somos sol, y podemos convertir a nuestros pacientes en arcoíris.

 

Mención especial del jurado

Sonreír, amar y seguir”, por Yolanda Sánchez Espinosa (Barcelona).

Aleeee, Alessane… creo que no me entiende, ¿en qué idioma habla?

Le explicaré que es de noche.

−Hola, es de noche, ahora no pueden venir los traductores, menos las estrellas y los ángeles de la guarda todos duermen.

Mis intentos por explicarle eran fallidos porque su cara me mostraba que no entendía nada.

−Esa app con altavoz nos ayudará a intercambiar una fluida conversación en francés.

−¿Vous devez parler ici? Habla aquí que traducirá y podrás decirme si tienes dolor.

−¿Et je peux voir les dessins? −Siiii, podrás ver dibujos.

−¡J’ai peur! −¿Por qué tienes miedo?

−Je suis seul – no estás solo, me quedaré contigo, seré tu ángel de la guarda ¿te parece bien? Asintió con la cabeza afirmativo y parecía conformarse con poco.

−¿Donne-moi ta main pour sommeil? te daré la mano para dormir.

Parecía que poco a poco nos ganábamos la confianza y era importante, desaparecían los miedos y el confort le permitía descansar, era mi objetivo y lo estaba consiguiendo, casi tenía yo más ganas que su mano se entrelazara con mis dedos.

−Ale, somos un equipo y tenemos que chocar los cinco… Give me the five! Hacíamos un choque cómplice a lo rapero a modo protocolo con un guiño de ojo extra, me costó que entendiera la palmada y el golpe de nudillos que era a modo colegas cariñoso, pero luego ya formaba parte del ritual nocturno.

No entendía la cultura y no entendía por qué lo habían sacado de allí y estaba encerrado.

−Ale, puedes pedirme lo que tú quieras, puedo concederte el deseo especial de las dos de la madrugada.

−Yo solo deseo estar con mis amigos en la playa.

−Ale, voy a compartir un secreto, has de cerrar los ojos…

Ilusionado, entretenido y esperando con una sonrisa pícara, me daba tiempo a colocar mi Ipad con fotos de Costa improvisado con su canción “papatoui”.

Un, dos, tres… YA… puedes abrirlos.

Sus enormes ojos se inundaban de lágrimas, lloraba de felicidad y nostalgia, justo en ese momento era consciente que con poco se podía hacer feliz a un niño.

−Ale, ¡mira! somos un equipo, y ves que ella lleva un fonendo colgado, ella es la jefa, es como el árbitro en un partido de fútbol.

Pasamos de las lágrimas a las risas y en eso consistía cada noche, cuidarlo y encontrar el confort, concederle un deseo en el que trasladarnos a un lugar especial nos proporcionara felicidad, unas noches nos íbamos a la playa, otras cogíamos cocos, era difícil a veces intentar que el suero que colgaba no se cayera de verdad.

Poco a poco nos costaba más coger los cocos y el dolor era inaguantable y aquella noche ya no pude disfrutar más de esos enormes ojos y de la sonrisa pícara magnificada por sus rasgos, esa máquina respiraba por él y todos esos tubos eran para curarlo.

Recibí la llamada de la adjunta de la guardia de esa noche…

− Yolanda, has de cursar analítica completa, está sangrando mucho, pasaremos un concentrado y volumen.

Fue entonces cuando mis ojos se inundaban de lágrimas, Costa de Marfil no te iba a ver crecer, las olas ya no podrían acariciar tu oscura piel.

Podía llorar porque se había ido, podía sonreír porque ha vivido, podía cerrar los ojos y rezar para que volviera, mi corazón podía estar vacío porque no lo habíamos conseguido o lleno del amor que compartimos, puedo llorar y cerrar mi mente, pero puedo hacer lo que a ti te gustaría: sonreír, abrir los ojos, amar y seguir.

Mención especial del jurado

Sí quiero”, por Ester Fernández Morell (Dilar, Granada).

Los niños tienen una capacidad innata; son desde el momento en el que nacen arquitectos, payasos, psicólogos, enfermeros, ángeles… saben adaptar cada capacidad a su momento y cuando crees que como enfermera lo tienes todo controlado, te mandan ese mensaje que llevan tiempo intentando descifrar y que al fin consiguen descubrir.

Estudiando en la Escuela de Enfermería nos hablaban a menudo de la famosa “empatía”; pero esa definición ̶̶ “Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro” ̶ no consigue abarcar lo que la palabra en si quiere expresar.

Aquella cualidad que debía acompañarnos durante toda nuestra trayectoria profesional (no de la mano ni junto a nosotros, sino en nuestras manos, dentro de nosotros) parecía entonces algo inabarcable, algo que yo como enfermera distaba mucho de conseguir. Sin embargo, cuando tienes a la persona ahí delante, sufriendo… puedes ser dos cosas: un humano que también sufre y quiere comprender, o un ser inhumano que cumple su trabajo pero considera que acercarse emocionalmente al otro va más allá de sus obligaciones. Hasta ahora creo no haber sido transmutada.

Fue una niña quien me enseñó, sin querer, que con ellos no pueden marcarse barreras porque si haces tu trabajo con alma y ternura, los niños, simplemente, las derriban. Cuando la conocí era una niña débil pero con el fuerte carácter que le había impuesto una enfermedad crónica y una familia difícil. Cada analítica era un grito de guerra, cada aerosol una lucha, y cada intento de “empatizar” un insulto hacia cualquiera que hiciera acto de presencia en su habitación. Pero no puedo juzgar el sufrimiento de una niña de 8 años con una mala evolución de la enfermedad, su eterna compañera.

Durante algo más de un año fuimos encontrándonos en los diferentes servicios del hospital. Y, esta vez, la barrera no solo la marqué yo. Fue ella la primera que la edificó, con su carácter, y la que más tarde la derribó cuando yo ya había construido la mía.

Llevaba un mes en la Unidad de Cuidados Intensivos por un deterioro rápido, progresivo y claro, que abrazaba muy levemente la esperanza. Tras tranquilizarla después de uno de sus arranques de ira, mientras ella luchaba por respirar y relajarse y yo acariciaba su mano, me miró, se retiró suavemente la mascarilla y me dijo: “Ester, he estado pensando… ¿quieres ser mi hermana mayor?”.

Una pregunta tan clara, tan franca, que derribó esa pequeña hilera de ladrillos que todavía podía quedar y me hizo ver que era así como yo quería seguir trabajando, que la mejor enfermera no se rige por el número de personas que has salvado sino por aquellas que te han salvado a ti.

Mención especial del jurado

Teresa”, por Inés Mª Barrio Cantalejo (Granada).

Voy de copiloto. Teresa, mi compañera, enfermera como yo, insiste en que me siente delante. Está convencida de que mi rudimentario francés es mejor que el suyo. Se ha colado en el asiento de atrás sin darme tiempo a reaccionar. El tapizado del asiento que ocupo es de pelo artificial, largo y despeinado. Debemos estar a unos cuarenta y cinco grados y, con la intensa humedad ambiental, me siento como una gamba blanca de Huelva en plena ebullición, antes de llegar a una mesa de selectos comensales.

Allá donde apoyo mi brazo se queda pegado, no solo por la humedad del entorno, sino por la composición química indefinida de la sustancia que cubre el interior del vehículo. Imperceptible a simple vista, en contacto con mi cuerpo sudoroso, se convierte en un mucílago fluido que forma frágiles hilillos cuando levanto mi brazo.

He conocido a Teresa hace dos días. Ha llegado cuando llevo siete días adaptándome al bochorno de la estación camerunesa de lluvias. Me dicen que la lluvia está acabando para dar paso a la estación seca. No sé en qué se nota: la noche pasada la fuerza del agua bramó entre los mangos de la casa de los cooperantes. Golpeó con tal brutalidad el tejado que yo no era capaz de oír la radio ni con mis auriculares encajados en el oído medio. La víspera me había caído encima un escarabajo Hércules. No me asustó el aspecto fiero del coleóptero que anuncia el fin de las lluvias. Me sobrecogió sobre todo la perspectiva de abrirme tan poco heroicamente la cabeza, cuando aún no he empezado con las proezas que pienso acometer en mi primera experiencia de cooperación.

Teresa es una cooperante experimentada. Tiene una seguridad tan grande como su humildad. Sus movimientos, como sus palabras, son lentos, cadenciosos, dejando siempre una puerta abierta a quien quiera cuestionar lo que dice o hace. Si la docilidad de la firmeza o el rigor de la mansedumbre son oxímoron, esta contradicción forma parte del encanto de Teresa. Firme, ecuánime, rigurosa, inalterable. Cuatro adjetivos que, en condiciones normales, no podrían ir en la frase que a continuación define a alguien como mansa, dócil, adaptable y conciliadora. Pero Teresa no es normal. Es extraordinaria como persona e íntegra como enfermera.

Teresa no tiene casi tiempo de conocer la misión que nos han encomendado y que vamos a desarrollar juntas los próximos meses. Yo no puedo frenar la curiosidad de asomarme al maletín que ha dejado entreabierto con la confiada despreocupación que rezuman todos sus gestos. Su tamaño nada tiene que ver con el mío, al que también llamo maletín, pero que tendría que llamar baúl. Carteles coloridos con dibujos naíf sobre lactancia materna e higiene sexual, frascos con lejía, cuentagotas, pastillas de jabón, cuadernos y rotuladores en el maletín de Teresa. Esfigmomanómetro, otoscopio, glucómetro, oftalmoscopio, fonendo y un diapasón en el mío.

Tras cinco horas en todoterreno, llegamos a la chefferie Makovika, en el corazón de la selva. Nuestras miradas se dirigen simultáneamente al grupo de mujeres que lavan platos y cacerolas en la balsa de agua turbia donde chapotean pequeños cachorros caninos. Una joven madre de turgentes pechos da un biberón a un recién nacido. Unos niños juegan con una naranja que, tras rodar por el suelo, recibe ávidos mordiscos de distintas bocas, hasta que desaparece dejando pegotes de zumo en todas las manos infantiles.

Mientras Teresa agradece al chófer sus servicios con las singulares tres aproximaciones de pecho, me hago la olvidadiza y no cojo mi maletín. Las dos miramos alejarse el coche que dentro tres meses volverá para recogernos.

Mención especial del jurado

Ya estás aquí ya te oigo”, por Mª Luisa Ibáñez Elías (Sant Cugat del Vallés, Barcelona).

Ya estás aquí ya te oigo, el espacio se llena de paz, tranquilidad y saber hacer. El parte es intenso y curioso, vaya cosas os contáis, en la vida hubiera imaginado todo lo que se puede extraer de la vida de una persona tanto físicamente como emocionalmente con solo estar. Bueno eso es lo que me parece a mí, no solo estáis si no que veis y leéis entre líneas lo que nos afecta, lo que nos entristece, en definitiva todo aquello que no nos va bien para nuestra recuperación.

En algún momento te acercarás a mi cama, me dirás buenas noches y me preguntarás cómo he pasado todas estas horas en que tú me has perdido de vista y ahí empezaremos nuestra conversación, me dirás que mi mujer y mis hijos son encantadores, que me quieren y que solo están esperando que me recupere para poder llevarme a casa y así poder seguir con la vida que dejamos aparcada hace algún tiempo, filosofaremos sobre la enfermedad, lo injusta que es la vida a veces con algunas personas y lo poco que apreciamos todo lo que tenemos antes de perderlo, en fin, todas esas cosas que siempre decimos cuando le vemos las orejas al lobo pero nunca nos paramos a pensarlas de verdad en los momentos en que nos quejamos ante cualquier cosa que nos acontezca por nimia que sea.

Me asearás con esa delicadeza que te caracteriza, con ese mimo como si fuera algo tuyo, el masaje en las piernas y en los brazos ¿cómo está esa sonda que nos da tanto trabajo? de paso me explicarás cómo le han ido esas dichosas notas a tu hija, que tu madre se ha peleado con ella, que quiere salir el sábado y que a ti eso te apabulla, que no sabes qué tienes que hacer y todas esas cosas que al ser humano nos parecen tan y tan importantes.

Hoy a media noche después de haberme dado la vuelta y masajeado la espalda, después de ponerme la medicación, he oído cómo hablabas con tu compañera, le explicabas entre sollozos que tu marido te ha dejado hace dos meses, que no sabes nada de él, que tu hija te pregunta y no sabes qué responderle, que la hipoteca llega todos los días uno y con solo tu sueldo no puedes, y que por las noches cuando nadie te ve lloras pues no sabes dónde te has equivocado ni qué vas a hacer para salir airosa. Me he quedado de piedra, dos meses pasando por eso y sigues llegando con tu sonrisa, tu humanidad, preocupándote por todo y por todos, dando ánimos a las familias y a nosotros a fin de que entre todos podamos salir adelante. Admirable, esa es la palabra que te define, tu profesionalidad está por encima de cualquier duda, al entrar aquí dejas de lado todo lo que te inquieta y asumes el papel del que cuida, del que calma como si emocionalmente tú lo tuvieras todo cubierto, qué capacidad para separar, para seguir haciendo tu trabajo con la excelencia que os caracteriza, ya llorarás mañana con el café con leche de antes de acostarte, mientras tanto, lo importante somos nosotros, nuestro bienestar y confort.

Al despedirte hoy me has dado un apretón en el brazo y me has susurrado “suerte”, sabes que hoy me lo juego todo a una carta, no puedo expresarte todo lo que siento, solo me gustaría poderte dar las gracias por tu trato y humanidad, quizá mañana salga del coma y pueda ver tus ojos y pueda decirte que en adelante estaré yo contigo.

Mención especial del jurado

-“La mejor enfermera”, por Araceli Jiménez Lara (Churriana de la Vega, Granada).

Miedo. En su interior coexistían sus recuerdos y el monstruo que se alimentaba de ellos. Su mente se escondía, aterrorizada, ante la destrucción causada.

El alzhéimer lo estaba devorando. Desde dentro, no cesaba la lucha interna.

Estaba perdiendo todo lo que él era.

Quedando relegado a la imperfecta inexistencia.

Comenzó teniendo despistes frecuentes, imperceptibles para los demás.

Progresivamente se fueron manifestando: olvido de fechas, palabras, nombres.

No reconocerse en el espejo, saludar a un extraño reflejo.

Olvidó como sonreír, como caminar, como hablar. Retorno a la infancia.

¿Cómo vivir en estas condiciones?

Había perdido la ilusión, estaba irascible, desamparado, confundido.

 

El chirrido de la puerta lo liberó de sus ensoñaciones.

Había entrado una joven enfermera, que le mostraba una sonrisa resplandeciente.

Tal era el avance de la enfermedad, que sus hijos, ya que no podían responsabilizarse, recurrieron a una residencia.

Derek reconoció en aquella joven algo muy familiar.

El sonido de su voz le evocaba sensaciones del pasado, su amabilidad,

su trato tan cercano… Algo se despertaba en su interior.

Desprendía confianza, seguridad en sí misma, humildad.

La miraba con ojos extasiados, fulgurantes.

Quería que le siguiese hablando, que la melodía generada por sus cuerdas vocales pudiese despejar esa bruma oscura que ocultaba su memoria.

En Noruega estaban empezando a experimentar con la musicoterapia.

Helena, sin saberlo, estaba realizando una técnica similar con la armonía de su canto. Revisó sus constantes vitales y se despidió de él, sin esperar una respuesta a cambio.

 

Ella era hija de una enfermera española, que, al igual que su madre, había solicitado trabajo en Noruega para adquirir experiencia y poder desarrollar sus habilidades, adquiridas tras cuatro arduos años de carrera.

También, y no menos importante, para satisfacer un deseo oculto en lo más recóndito de su corazón, solo compartido con su madre, antes de fallecer.

Necesitaba encajar la pieza que faltaba en su vida.

Helena continuó visitando a diario a Derek, cuidándolo con infinito cariño.

Con todos los pacientes se armaba de valor y paciencia, intentaba potenciar el autocuidado (según el estadio de la enfermedad en que se encontraban), les daba conversación, los comprendía y apoyaba.

 

Pero con Derek era incapaz de mantener el mismo trato.

Él conseguía que se duplicasen sus cualidades.

Se sentía una ‘súper enfermera’ a su lado.

Aunque a veces la implicación sentimental la sobrepasaba.

Había crecido aceptando la ausencia de una figura paternal, siempre preguntándose cómo sería tener un padre.

Poder subirse a sus protectores hombros e imaginar que estaba más cerca de tocar el cielo. Ahora se había materializado ante sus ojos ese deseo invisible que la había acompañado siempre.

Lo más difícil para ella era no poder decirle lo feliz que la hacía aquel reencuentro.

Derek sentía, por su parte, una catarsis interna.

La visita de Helena era un bálsamo para su desolación y aislamiento. Sólo podía expresarse con sus ojos, que eran la única vía de comunicación con el exterior.

 

Cada vez iba a peor. Sus órganos se estaban deteriorando vertiginosamente.

Un día Helena entró a su habitación y encontró una inmaculada blancura donde antes había estado su cuerpo.

Derek había fallecido.

Sorpresa y negación, posteriormente una prolongada depresión.

Vivió el tan estudiado duelo en su propia piel.

Pasado un tiempo, decidió visitar su tumba y dejarle una gardenia blanca,

símbolo del secreto que no le había confesado. Le ayudó a aceptar su ausencia.

 

Tras superarlo, se prometió ser la mejor enfermera, competir consigo misma, aprender de sus pacientes. Cada enfermo necesitaba un cuidado personalizado.

Investigar sobre esta devastadora enfermedad, proyectar toda la empatía, humanidad y solidaridad que colmaban su corazón.

Mención especial del jurado

Al límite del abismo”, por Amelia Sanz (Guadalajara).

El proponer en casa mi decisión de ser enfermera, tomó por sorpresa a toda la familia pero fue aceptada con agrado. Tan solo hubo una persona que con todo el cariño del mundo trató de disuadirme.

-Pero hija, con lo joven que eres, todo el día con enfermos. ¡Tiene que ser muy triste!- Era mi abuela. Pura generosidad, puesto que al verse mayor bien pudo pensar: -¡Qué bien ya tengo quien me cuide! Pero no… siempre mirando por el bienestar de todos cuantos la rodeaban antes que por ella misma.

No había por entonces en mi ciudad, por lo que comencé mis estudios en la capital. Y allá fui, a estudiar Enfermería. Era la primera vez que me separaba de mi familia y es cierto que confluían en mí dos sentimientos ambivalentes: las ganas de volar del nido y explorar la vida pero también el miedo a lo desconocido.

Son muchas las vivencias en esta bonita profesión que se presentan a lo largo de la vida laboral. Unas terribles, que dejan huella indeleble. Otras tan humanas que te acercan a las personas aún sin quererlo. Otras contienen su chispilla de humor. Y muchas veces son tan tiernas que se meten el corazón y allí se guardan por siempre… lo principal es saber dar ese trato profesional y humano que a nosotros nos gustaría que nos diesen estando al otro lado de la barrera.

Uno de mis primeros destinos, siendo alumna, fue la planta de pediatría y por siempre recordaré a ese chiquillo de once años, atado a la cama lleno de tubos por todas partes, pero con la sonrisa en los labios. Unos labios cianóticos por esa falta de oxígeno que apenas tenían fuerza para abrirse a la hora de comer. Padecía una enfermedad cardiaca degenerativa y estaba a la espera de un trasplante.

A los pocos días llegó el anhelado corazón, compatible con él y a quirófano fue con gran esperanza y la sonrisa más bonita que jamás vi.

Pocos minutos después le veíamos a través de “la campana”. Allá abajo, en la camilla de quirófano, apenas un niño con el coraje del más grande de los hombres y su sonrisa impertérrita, contestando a todos tímidamente. Envuelto en mil paños verdes, rodeado de mil tubos y aparatos, preparada la extracorpórea y todo el instrumental preciso para tan delicada intervención.

Una multitud de personal, médicos, enfermeras, auxiliares, celadores… cada uno en el puesto correspondiente, pendiente de su trabajo con la mayor coordinación para que todo fuese un éxito.

Desde arriba se veía el trasiego de aquella sala donde un niño se debatía entre la vida y la muerte. Donde todo el equipo trabajaba sin descanso para lograr salvar esa vida que de otro modo estaba condenada.

Muchas horas pasaron y yo pegada al cristal de la campana sin pestañear apenas. Era la primera intervención a la que asistía como espectadora y quedé impactada por la dificultad que entrañaba, por la coordinación de todo el equipo, por ver cómo puede cambiar la vida de una persona en un instante.

Fueron muchas horas de trabajo intenso que tuvieron la recompensa de devolver la vida a un chiquillo que apenas había gozado de ella.

Pasaron las críticas 48 horas tras la intervención y aquel niño iba mejorando cada día. Poco a poco el color volvió a sus mejillas. El anterior tono violáceo tornó por el rosado lleno de vida. Se le retiraron tubos y drenajes y jugó con alegría.

No volví a verle, pero seguro hoy es un hombre con éxito que nunca olvidará el día que volvió a nacer.

Mención especial del jurado

La mejor enfermera”, por Elena Palma Ayllón (Granada).

¡Qué nervios! ¡Mañana mi primer día de trabajo oficial como enfermera! Siento el corazón golpeándome en el pecho. No puedo dormir. ¡¿Cuantas horas llevo dando vueltas en la cama?! Ni idea… Espero estar a la altura, y hacerlo bien.

Repaso mentalmente las palabras de mi madre de hace tan solo unas horas. Más de 20 años como enfermera le han valido para ganar mucha experiencia.

‘’No tienes que preocuparte, seguro que lo harás muy bien, estas más que preparada para ello.

Solo recuerda siempre lo que esta profesión significa para ti. Porqué decidiste estudiar esto.

Sabes que no es un trabajo cualquiera, que es mucho más. Necesitas esa vocación y pasión que le pones al hacer las cosas que amas. Sabes el sacrificio que supone y que no debes de perder nunca el entusiasmo de seguir aprendiendo y mejorar.

Sabes que cuidar, no es solo un verbo, ni tampoco significa solo colocar vendas y pinchar, sino que deberás dar siempre lo mejor de ti a tus pacientes, saber calmar sus miedos, dar esperanza, cariño… Es ahí cuando comprenderás el valor que tienen las palabras. La tranquilidad que da saber que tendrás a alguien disponible para cuando lo necesites.

Verás también la importancia de la amabilidad, como una sonrisa, y el saber escuchar, ayudan más que cualquier tranquilizante.

Aprenderás a respetar la dignidad de las personas, tanto en vida como a la hora de su muerte.

Explorarás los límites de tu resistencia física y paciencia, cuando pases horas y horas sin dormir. Porque mientras muchos duermen, tú seguirás en pie.

Deberás ser fuerte psicológicamente, pues tus pacientes necesitarán que así sea. ¡Eso no quiere decir que no llores o te emociones! ¡Eres persona y te aseguro que llorarás! Pero nunca debes derrumbarte delante de ellos, porque en la gran mayoría de la ocasiones, serás uno de sus pilares de sustento. Y a pesar de toda la carga emocional que te supondrá esto, deberás aprender a dejar el trabajo fuera de casa, y seguir con tu vida, para así evitar ‘’quemarte’’. Esto es muy importante y te llevara tiempo aprenderlo.

 Te aseguro que los hospitales son el sitio donde escuchas las plegarias más sinceras.

Sabes que a mí me gusta decir que la Enfermería es arte y es ciencia, porque tus técnicas deberán ser perfectas o por lo menos que rocen la perfección, pero a su vez, deberás saber humanizarlas al máximo, haciendo así que tu paciente sufra lo más mínimo. No debes olvidar nunca que tratas con personas, no con enfermedades andantes.

Te irás dando cuenta, que a pesar de las sombras de tristeza que produce la enfermedad también suceden momentos de felicidad. Que una persona puede vivir más en una semana que en cinco años. Muchos pacientes, te enseñarán a apreciar la vida, y que los pequeños detalles y el amor son lo que finalmente tiene importancia. Acompañarás a personas que exhalen su último aliento, a la vez que acompañarás a los que lo inspiran por primera vez, observando la magia de este momento, y diciéndote que todo tu sacrificio y trabajo ha merecido la pena.

Porque no hay nada más gratificante que poder ayudarlos en esos momentos tan duros, ver su alivio, o simplemente cuando te dicen: Muchas gracias enfermera. Seguramente sea la gratitud más sincera que recibas en tu vida.

“¡Espero que te sirvan mis consejos y te conviertas en la mejor enfermera de todo el hospital! ‘’

Intento imaginarme a mi madre con su paciencia y bondad infinita, atendiendo paciente a paciente con su mejor sonrisa. Y entre pensamiento y pensamiento, me quedo finalmente profundamente dormida.

Sanguijuelas curativas, historia y usos actuales

Autoras: Ángela Ruiz Calvo 1º C (2015/16),  Isabel Béjar Fernández, 1º B (2015/16)

La Hirudoterapia es el nombre que recibe la técnica utilizada para curar males mediante estos anélidos. Así se conoce al tipo de anélido, pariente de las lombrices que vive en medio terrestres, marino y de agua dulce. Estas han tenido uso curativo desde la época de Hipócrates, lo sabemos debido a pinturas y jeroglíficos que se han encontrado en cavernas y pirámides egipcias.

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¿Qué son las sanguijuelas?

Las sanguijuelas son animales invertebrados de apariencia viscosa y poco atractiva,  pertenecientes a la familia de los anélidos. Están constituidas por treinta y cuatro segmentos  y pueden pegarse a los cuerpos de los cuales chupan la sangre gracias a potentes ventosas. En su saliva están presentes una serie de enzimas y compuestos que entran al organismo a través de la incisión. Algunos de ellos como la hirudina, funcionan como anticoagulante, permitiendo la disolución de coágulos encontrados en los vasos sanguíneos.

También inocula un anestésico local que impide que la mordedura sea tormentosa así como compuestos antimicrobianos y agentes vasodilatadores que ayudan a abrir las paredes de los vasos mediante la dilatación de los mismos, haciendo que la sangre fluya sin obstáculos. Las enzimas que presenta son enzimas proteolíticas que ingieren el tejido dañado. Numerosos microorganismos son digeridos y finalmente destruidos en el intestino de la sanguijuela. Utilizadas en el pasado para las sangrías, estos animales siguen siendo utilizados en el campo de la medicina para obtener sustancias coagulantes.

Las sanguijuelas en la historia

Desde la antigüedad, estos pequeños anélidos se usaron para el tratamiento de muchas enfermedades a través de derramamiento de sangre, un método en el que se saca la sangre con la esperanza de que la extracción de sangre impura pueda curar el cuerpo. Fueron ampliamente utilizadas hasta el siglo XIX como remedio para todo ya que se pensaba que sacaban del cuerpo los »vapores del demonio».

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En la Medicina Antigua se creía en la teoría de los cuatro humores: sangre, flema, bilis amarilla y negra. Cuando se modificaban de alguna forma los cuatro humores se originaba la patología humoral donde en el proceso de curación, el concepto de evacuación tenía gran importancia. Un evacuante importante en la época fueron las sanguijuelas, pequeños gusanos de fácil obtención ya que estaban presentes en la mayoría de charcas, ríos y arroyos.

Son invertebrados de tipo anélido, con forma cilíndrica y que suelen tener una longitud de entre 3 y 5 centímetros. Su color es bastante desagradable, un color negro, café o verde oscuro. Lo más característico de estos animales es la ventosa bucal que poseen en forma de disco en la que se encuentran dientes utilizados para extraer la sangre.

La hipótesis era que al drenar parte de la sangre de alguna manera se podía restaurar el balance del cuerpo y curar virtualmente cualquier enfermedad. Ya en la Edad Media, los edemas que aparecían en los peregrinos que recorrían el camino de Santiago eran aliviados mediante baños de agua en ríos en muchas ocasiones poblados de sanguijuelas. En algunos textos medievales encontramos la forma de elegir las sanguijuelas destinadas a fines curativos. Entre los criterios de validez encontramos el lugar de cría de la sanguijuela, descartando aquellos lugares mal olientes y escogiendo aquellos arroyos dotados de agua cristalina; así como la morfología de la sanguijuela que nos permitía distinguir las benignas de la venenosas.

Además encontramos datos proporcionados por personajes como Avicena, filósofo, médico y científico persa que vivió entre los años 980 y 1037 que nos ayudan a comprender cómo era la elección de este tipo de sanguijuelas destinadas a la curación, así como técnicas de aplicación de estos pequeños anélidos. Avicena entre sus múltiples recomendaciones aconseja frotarse la zona intensamente para que la sangre llegue y se abran los poros y a continuación, aplicar la sanguijuela. También nos habla del mantenimiento de las sanguijuelas que debían permanecer en ayunas al menos un día antes.

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En estos tiempos existían mercados de sanguijuelas que proporcionaban estos anélidos a profesionales para realizar la terapia. Estas sanguijuelas eran suministradas por cazadores de sanguijuelas. Actualmente, los cirujanos que reimplantan dedos y orejas han observado que los pacientes se curan más rápidamente con la ayuda de estos animales.

¿Por qué funcionan las sanguijuelas?

Las sanguijuelas han sido utilizadas a través del derramamiento de sangre, método que consistía en extraer la sangre con la esperanza de que al extraer la sangre impura pudiese curar el cuerpo. Esta técnica es en muchas ocasiones la mejor alternativa para tratar enfermedades y puede incluso superar tratamientos farmacológicos. Esta terapia, continua en uso para muchas enfermedades como son la artritis y otros procesos inflamatorios. Además, son muy útiles para pacientes con enfermedades vasculares, pulmonares, neumonía e incluso puede ayudar a pacientes que tienen enfermedades del tubo digestivo.

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Se consideran propiedades de las sanguijuelas:
-Anticoagulantes: en la saliva de estos anélidos encontramos hirudina, agente que consigue inhibir la coagulación de la sangre.
-Antiinflamatorio: también en la saliva de estos animales encontramos bdellins, compuesto mediante el cual al inhibir tripsina y plasmina actúa como anti-inflamatorio.
-Anéstésicos: la saliva además tiene sustancias anestésicas que calman el dolor.
-Vasodilatadores: histamina, acetilcolina e inhibidores de la carboxipeptidasa actúan para ampliar los vasos y proporcionar un mejor flujo.

La terapia con sanguijuelas curativas

Por sorprendente que parezca, la terapia con sanguijuelas funciona en muchos casos donde otras terapias farmacológicas no han dado resultado. Se utilizan para tratar problemas de estómago, se aplican en pacientes con hipertensión vascular y problemas cardiovasculares. También en procesos inflamatorios del organismo y trastornos de las vías respiratorias así como para estimular el flujo sanguíneo en los injertos de piel tras una operación de cirugía estética. Dicha terapia se está aplicando en numerosos países, incluyendo España, en donde su uso es una realidad en hospitales y servicios muy concretos.

Está desaconsejada para los pacientes con el VIH o con problemas inmunológicos, en pacientes que están tomando medicamentos inmunosupresores ya que el tratamiento pone a estas personas en peligro de sepsis bacteriana y por lo tanto, empeora sus condiciones.

Como ya hemos visto, en la Edad Media las sanguijuelas eran usadas con el fin de curar ciertos males en las personas, pero resulta sorprendente que esta terapia alternativa siga vigente en nuestros días más allá de toda una conceptualización falsa de espíritus malignos y fuerzas demoníacas. Observamos cómo este tratamiento indispensable, que por un tiempo fue considerado un tratamiento sin valor, atrasado y decadente debido al gran avance científico, ha reaparecido con más fuerza que nunca en ámbitos como la microcirugía plástica reconstructiva.

Ejemplos de usos curativos

En las reimplantaciones de dedos y orejas :

Para tratar un derrame en un paciente sufrido tras una operación:

Para el tratamiento de la “Sangría”:


La sangria: Medicina truculenta (Sanguijuelas) por raulespert

Fuentes

Alvarez, Eugenio. Las sanguijuelas en medicina. Introducción a las Ciencias de la Salud. Disponible en https://www.juntadeandalucia.es/averroes/~29701428/salud/sanguijue.htm

Enrizo, Marilyn. Animales Medicinales: Sanguijuelas. Animales curativos (blog), 7 diciembre 2009. Disponible en https://animalesbeneficiosos.blogspot.com.es/2009/12/animales-medicinales-sanguijuelas.html

Manrique Sáez, María Pilar; Ortega Larrea, Susana; Yanguas Jiménez, Purificación. La sanguijuela, un gusano en la historia de la salud. Index de Enfermería 2008;  17(4): 290-294. Disponible en: https://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S1132-12962008000400016&script=sci_arttext.

Prior, Neil. Las sanguijuelas vuelven a la carga en la medicina. BBC, 14 agosto 2013.Disponible en https://www.bbc.com/mundo/noticias/2013/08/130813_salud_sanguijuela_medicina_gales_gtg

Sin autor. Terapia de sanguijuela. ZOOTERAPIA.ORG (blog). s/a. Disponible en https://www.zooterapia.org/terapia-sanguijuela/

Zimmer, Carl . La larga evolución de la sanguijuela. El País, 29 de marzo de 2006. Disponible en https://elpais.com/diario/2006/03/29/futuro/1143583201_850215.html

La gota, enfermedad de ricos

Autora: Carmen María Morcillo López, 1ºA (2015/16)

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En el tema de la Edad Media, me han interesado las numerosas enfermedades tratadas. Por ejemplo, la peste negra. Sin embargo, hay otra enfermedad que siempre me ha llamado mucho la atención y que era muy común durante esta época. Hablo de la gota, de la cual he buscado un poco de información.

La gota es una enfermedad que se produce por un alto nivel de ácido úrico en sangre. El ácido úrico se elimina por la orina, pero cuando hay demasiado puede acumularse en las articulaciones en forma de cristales. Se conoce que los ataques agudos de gota son muy dolorosos, afectando sobre todo al dedo gordo del pie y especialmente por la noche.

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Es una enfermedad relacionada con los hábitos de vida poco saludables, como por ejemplo, la alta ingesta de alimentos ricos en proteínas, alcohol, etc. Se trata de una enfermedad de predisposición mayor en hombres entre 40-50 años (mujeres a los 60 años).

He encontrado que el nombre de la enfermedad procedente de la Edad Media viene porque los médicos entonces pensaban que existía una filtración “gota a gota” al interior de las articulaciones de malos humores sanguíneos. Además fue llamada la enfermedad de los reyes, porque en aquella época comer carne era privilegio de reyes, nobles y personas adineradas.

Grandes personajes históricos como Enrique VIII de Inglaterra, Carlomagno, etc., sufrieron de gota. Como bien se puede apreciar en retratos, Enrique VIII tenía sobrepeso e incluso obesidad, debido a su alta ingesta de alimentos pocos saludables. Estos alimentos, sobre todo carnes rojas, lo llevaron a padecer de un intenso dolor de gota.

Sin embargo, pocos avances se realizaron con respecto a esta enfermedad durante esta época. No fue hasta mucho más tarde que se conocieron sus consecuencias y causas, pues se consideraba que era una buena enfermedad con respecto a otras, ya que se imaginaba al afectado en una lujosa habitación, rodeado de comida y bebida, bastante gordo y recostado.

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El tratamiento era seguir una dieta estricta para evitar las consecuencias incapacitantes de la enfermedad, aunque la mayoría de personas acomodadas no llegaban a seguir dichos consejos con lo cual empeoraban su condición física y su salud.

Fuentes

Llácer, María. La gota, clásica enfermedad de señores. Ligas Mayores (blog), 31.07.2009. Disponible en: https://ligasmayores.bligoo.com/content/view/572668/La-gota-clasica-enfermedad-de-senores.html

Sin autor. El ácido úrico alto y la enfermedad de la gota. El Blog de la Salud. 10 octubre, 2013. Disponible en: https://www.elblogdelasalud.es/el-acido-urico-alto-la-enfermedad-de-la-gota/

La sífilis

Autora: Ana González García, 1º A (2015/16) Ver addenda al final

Introducción

Se trata de una enfermedad de transmisión sexual, producida por una bacteria (Treponema Pallidum), la cual infecta el área genital, los labios, la boca o el ano, afectando por igual a hombres y mujeres. Además, esta puede transmitirse de la madre al bebé durante el embarazo.

La etapa temprana de la sífilis suele causar una llaga única, pequeña e indolora. Algunas veces, causa inflamación de los ganglios linfáticos cercanos. Si no se trata, puede causar una erupción cutánea que no pica, generalmente en manos y pies. Hay personas que no llegan a notar los síntomas durante años. Si no se trata, esta progresa por cuatro etapas (primaria, secundaria, latente y terciaria o tarde), teniendo cada una sus propios signos y síntomas únicos. Es curable hoy en día con antibióticos.

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Historia

La sífilis fue denominada en un pasado como enfermedad francesa o morbus gallicus. Fue causante de la muerte de una gran cantidad de personas en todos los tiempos. Los marinos habrían sido los responsables de difundir esta enfermedad. En 1530, fue bautizada como sífilis, por una poesía didáctica de un médico italiano, Girolamo Fracastorius, de Verona, en la que el pastor Syphilus fue castigado con la enfermedad por llevar una vida inmoral y llena de vicios. Sin embargo, fue llamada durante mucho tiempo como enfermedad de los franceses, ya que los soldados del rey francés Carlos VIII murieron a comienzos del siglo XVI por una epidemia de sífilis durante el sitio de Nápoles.

El tratamiento que se empleó desde el siglo XV hasta el siglo XX, consistía en un tratamiento con mercurio, el cual se prolongó hasta comienzos de la II Guerra Mundial, donde se planteó un cambio del mercurio por el bismuto, al considerarse más eficaz.

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A mediados del siglo XIX, consideraban la administración de mercurio como básica para el diagnóstico y curación de la sífilis. Antes de la I Guerra Mundial, se mantenía la idea de que solamente podíamos apoyarnos en el uso de mercurio, bien por vía oral (en forma de sales como el calomel), mediante fricciones, por inyección intramuscular y por inhalación vapores de mercurio.

Por otra parte, la II Guerra Mundial cambió el tratamiento de la sífilis, gracias a la aparición de los antibióticos (descubrimiento de la penicilina en 1943), excluyéndose el mercurio, bismuto y arsénico.

Además, no son pocos los personajes históricos conocidos que contrajeron esta enfermedad. El caso más conocido es el del filósofo Friedrich Nietzsche, aunque también literatos como Rimbaud, Baudelaire, Wilde, Tolstoi o Verlaine; pintores como Goya o Van Gogh; y otro tipos de personajes como Catalina de Rusia, Al Capone, Mussolini o Martín Alonso Pinzón. Se especula que muchos otros como Shakespeare, Beethoven, Colón, Napoleón, Bolívar, Lincoln y Hitler.

Etapas de la enfermedad

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Etapa primaria. Tras un período de incubación de unas 3 semanas, aparece la lesión primaria (llaga o ampolla) o chancro, el cual se caracteriza por ser de base limpia y poco o nada dolorosa. Estos suelen aparecer en los genitales externos, el cuello uterino, la boca… Además, suele aparecer un agrandamiento moderado de un ganglio linfático, acompañando a esta lesión primaria. Esto suele durar entre 1 y 5 semanas, ya que pasado este tiempo, sanará y desaparecerá, con o sin tratamiento, aunque evidentemente la enfermedad perdurará si no es tratada.

Etapa secundaria. Se desarrolla desde los 17 días a los 6 meses y medio después de la infección, tras aproximadamente de 2 a 8 semanas de la aparición del chancro. Esta fase suele comenzar con la aparición de una erupción en una o más áreas del cuerpo. Suele tomar aspecto de puntos duros, de un tono rojo o marrón rojizo en las palmas de las manos y las plantas de los pies. Esta erupción, por lo general, no pica e incluso hay ocasiones en las que son tan poco visibles, que es posible que uno no se percate de su presencia. Otros síntomas presentes en esta etapa, son la fiebre, inflamación de las glándulas linfáticas, dolor de garganta, pérdida parcial del cabello, dolor de cabeza, pérdida de peso, dolor muscular y fatiga. Al igual que la fase anterior, estos síntomas desaparecerán con o sin tratamiento, pero la enfermedad seguirá avanzando.

Etapa latente. Los síntomas mencionados en las etapas anteriores desaparecen. Esta fase latente puede prolongarse por años y reaparecer cuando no hay tratamiento (10 o 20 años después). Se trata de una fase muy avanzada de la enfermedad, la cual puede afectar a órganos internos como: nervios, vasos sanguíneos, corazón, hígado, cerebro, ojos, huesos y articulaciones. Los síntomas que producen pueden ser dificultades para coordinar los movimientos musculares, entumecimiento, parálisis, demencia, ceguera gradual e incluso en casos extremos, la muerte.

Etapa terciaria. Puede ocurrir de los 2 a más de 30 años tras haber cogido la infección. Sus complicaciones pueden ser:

-Pequeños tumores en la piel, huesos u órganos.
-Complicaciones del corazón y vasos sanguíneos.
-Desordenes crónicos del sistema nervioso (ceguera, locura, parálisis).

Existe tratamiento para esta etapa, aunque el daño por las complicaciones no es reversible. No obstante, la progresión de la enfermedad puede detenerse.

Diagnóstico

La sífilis puede ser detectada mediante una prueba de sangre o mediante fluido de las lesiones. Las personas que padecen dicha enfermedad, se les recomienda hacerse la prueba del VIH, ya que estas lesiones pueden causar fácilmente la transmisión del VIH.

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El tratamiento más comúnmente utilizado es la dosis única de bencilpenicilina benzatina, por vía intramuscular, cuando la sífilis se ha prolongado por menos de 1 año. Si esta se ha prolongado por un período de tiempo más largo a este, serán necesarias dosis adicionales.

A día de hoy, los casos de sífilis han aumentado. Según la OMS, se dan 12 millones de infecciones nuevas cada año, 3 de ellos en América Latina y el Caribe. En España, se contagian anualmente 8 de cada 100.000 habitantes, según el Instituto de Salud Carlos III, lo que supone que se han doblado los casos en tan solo seis años.

Fuentes

Barrio T., César. Historia de la dermatología, de la sífilis en la Historia. Folia Dermatológica Peruana, diciembre 2000; 11(3). Disponible en https://sisbib.unmsm.edu.pe/bvrevistas/folia/vol11_n3_dic_2000/s%C3%ADfilis%20en%20la%20historia.htm

Carámbula, Patricia. Sífilis. 07/09/2012. Disponible en https://www.sanar.org/ets/sifilis

Carrada Bravo, Teodoro. Sífilis: actualidad, diagnóstico y tratamiento. Rev Fac Med UNAM Noviembre-Diciembre, 2003; 46(6): 236-242. Disponible en https://www.ejournal.unam.mx/rfm/no46-6/RFM46607.pdf

López-Hontagas, José Luis; Frasquet Artes, Juan. Sífilis: una revisión actual. Control Calidad SEIMC, s/a. Disponible en https://www.seimc.org/contenidos/ccs/revisionestematicas/serologia/sifilis.pdf

Noragueda, César. La sífilis a lo largo de la historia. Hipertextual (blog) 02/10/2015. Disponible en https://hipertextual.com/2015/10/sifilis-historia

Sin autor. Sífilis. MedlinePlus. NIH: Instituto Nacional de alergias y enfermedades infeccionsas 26/08/2015. Disponible en https://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/syphilis.html

Sin autor. Sífilis. quierosaber.org (blog). s/a. Disponible en https://www.quierosaber.org/ets/sifilis.HTML

Turnes, Antonio L. La sífilis en la medicina, una aproximación a su historia. 100 años del descubrimiento del Treponema Pallidum, 29/03/2005. Disponible en https://www.smu.org.uy/dpmc/hmed/historia/articulos/sifilis.pdf

ADDENDA de Clara Muñoz Castro, 1º C (2015/16)

El término sífilis viene de una historia, donde un pastor llamado Syphilus fue castigado con una nueva enfermedad porque levantó altares prohibidos. Durante la Edad Media, la sífilis afectó a grandes cantidades de población. Sin embargo, cuando se empezó a utilizar la penicilina para curarla, la pandemia fue debilitándose.

En cuanto al origen de la enfermedad, los investigadores están divididos en dos grupos. El primero dice que la sífilis llegó a Europa desde América cuando se produjo el descubrimiento de esta última. Durante el sitio de Nápoles, se dice que los soldados españoles infectaron a las prostitutas del lugar y estas a su vez a los soldados franceses. Por lo que estos últimos se rindieron debido a la enfermedad. Es por eso que también se le puede llamar  «morbo gallico».

o9gmMRqA principios del siglo XV, un 15% de la población europea tenía sífilis. Fracastorus fue el hombre que empezó a llamarle Sífilis a la enfermedad y recomendó tomar guavacol y mercuriales para tratarla. Por otro lado, Paracelso se dio cuenta que las mujeres sifilíticas tenían hijos sifilíticos. En esta época, la gente que padecía sífilis se la consideraba que pecaba de lujuria y por lo tanto, la enfermedad era un castigo divino.

El segundo grupo de investigadores habla sobre el origen de la enfermedad mucho antes del Descubrimiento de América. Esto se puede justificar con escritos y manifestaciones artísticas antiguas. Por lo que, la hipótesis aceptada es esta última.

A lo largo de los siguientes siglos, la enfermedad siguió expandiéndose. Sin embargo, hubo un aumento considerable de personas con sífilis en los países occidentales a partir de 1955. Entre los años 1958 y 1960 hubo un descenso de esta enfermedad, y ocurrió otro aumento a partir de los años 70. A partir de esta época, se habló de la existencia de millones de sifilíticos repartidos en forma desigual alrededor del mundo, debido a la mezcla de poblaciones distintas y a los puertos, los cuales son grandes almacenes de treponemas.

FUENTE

Berdasquera Corcho, Denis; Lazo Álvarez, Miguel Ángel; Galindo Santana, Belkys María;  Gala González, Angela. Sífilis: pasado y presente. Revista Cubana de Higiene y Epideiología 2004; 42 (2). Disponible en https://bvs.sld.cu/revistas/hie/vol42_2_04/hig08204.htm

La lepra y los leprosos

Autora: Miriam Calvo González, 1º A (2015/16).

La lepra es una enfermedad infecciosa crónica causada por un bacilo acidorresistente llamado Mycobacterium leprae. Afecta principalmente la piel, los nervios periféricos, la mucosa de las vías respiratorias altas y los ojos. Se trata de  una enfermedad curable. Si se trata en las primeras fases, se evita la discapacidad. La lepra tiene dos formas comunes: la tuberculoide y la lepromatosa. Ambas formas ocasionan úlceras en la piel, pero la forma lepromatosa es la más grave y produce grandes protuberancias e hinchazones (nódulos).

Desde 1995, la OMS proporciona gratuitamente a todos los enfermos leprosos del mundo el tratamiento multimedicamentoso, que es una opción curativa simple, aunque muy eficaz, para todos los tipos de lepra. La eliminación mundial de la lepra (es decir, una tasa de prevalencia mundial de menos de 1 caso por 10 000 habitantes) se alcanzó en el año 2000. A lo largo de los últimos 20 años, con el tratamiento multimedicamentoso se ha conseguido curar a cerca de 16 millones de pacientes con lepra.

 

Breve historia de la enfermedad y su tratamiento

La lepra ya era conocida por las antiguas civilizaciones de China, Egipto y la India. La primera referencia escrita a esta infección se remonta aproximadamente al año 600 a.C. A lo largo de la historia, los enfermos leprosos se han visto condenados al ostracismo por sus comunidades y familias.

En el pasado el tratamiento de la lepra era distinto. El primer avance importante se realizó en los años cuarenta con la obtención de la dapsona, medicamento que detuvo la enfermedad. No obstante, la larga duración del tratamiento —de años o incluso durante toda la vida— dificultaba su cumplimiento. En los años sesenta, M. leprae empezó a manifestar resistencia a la dapsona, el único medicamento antileproso conocido por entonces. A principios de los años sesenta se descubrieron la rifampicina y la clofazimina, los otros dos componentes del tratamiento multimedicamentoso.

En 1981, un grupo de estudio de la Organización Mundial de la Salud recomendó el tratamiento multimedicamentoso a base de dapsona, rifampicina y clofazimina, asociación que elimina el bacilo y logra la curación.

Modos de transmisión

El contagio es de persona a persona por contacto directo y prolongado, entre 3 y 5 años. Se produce entre un enfermo no tratado con posibilidad de transmitir (no todos los que padecen lepra contagian) y una persona susceptible, es decir con una predisposición especial para enfermar. Según la estadística el 80% de la población posee defensas naturales contra la lepra y solo la mitad de los enfermos no tratados son contagiantes.
Las vías de transmisión incluyen principalmente, las secreciones respiratorias de una persona enferma y no tratada, y en menor medida en heridas de la piel y secreciones nasales.

Últimas leproserías

Aunque la lepra se puede curar desde los años cuarenta y los leprosos no sufren ya las deformaciones de antaño, la sociedad no ha despojado todavía a esta enfermedad de su estigma repulsivo y morboso. «Somos capaces de dar 500 pesetas por los leprosos, pero no de darles la mano», dice sor Montserrat, una religiosa que lleva 30 años en la leprosería de Fontilles (Alicante). En España, donde esta patología se considera erradicada, el número de afectados ronda los 5.000, pero solo 600 la padecen en activo.

El Sanatorio Leprológico de Fontilles -el otro que hay en España está en Trillo (Guadalajara)- se levantó a principios de siglo, en un lugar aislado de la serranía alicantina. Sus 130 pacientes forman una pequeña comunidad de leprosos cuyo horizonte no alcanza más allá del muro de tres metros de alto que la rodea. Hoy, con la lepra controlada en España, Fontilles se ha convertido en una residencia de ancianos con minusvalías provocadas por la enfermedad. Juana P. no recuerda su edad, pero aparenta más de 80 años. La encontraron hace dos en una cueva de Mallorca y fue trasladada a Fontilles, casi inválida por una lepra muy avanzada. Según José Terencio, director médico de Fontilles, su caso es «único en Europa, porque la enfermedad le ha afectado a la voz, un síntoma típico del enfermo de lepra medieval». Por eso habla tan bajito y murmura que se quiere ir a casa por Navidad, pero no tiene a nadie.

Los especialistas calculan que en España, en 1992, hay casi 5.000 afectados por la lepra, aunque José Ramón Gómez aclara que solo unos 600 están activos, es decir, desarrollando la enfermedad. «El resto ya se ha curado, pero continúa en tratamiento para evitar posibles recaídas», explica.

Vídeo con síntomas visuales

Fuentes

Sin autor. Lepra. Argentina: Ministerio de Salud, s/a. Disponible en https://www.msal.gob.ar/index.php/ayuda/187-lepra

Sin autor. Lepra. Organización Mundial de la Salud, 2014. Disponible en https://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs101/es/

Sin autor. Lepra. Medline Plus, s/a. Disponible en https://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/001347.htm

Sistiaga, Jon. Los últimos de una enfermedad maldita. El País, 14 de diciembre de 1992. Disponible en https://elpais.com/diario/1992/12/14/sociedad/724287607_850215.html

La peste negra en la Edad Media

Autora: Carmen Gallego López, 1ºA (2015/16).

La Edad Media es un periodo histórico que abarca desde el siglo V, con la caída del Imperio Romano, hasta el siglo XV (con la caída del Imperio Bizantino, descubrimiento de América, invención de la imprenta, etc.) En esta época tuvo lugar la mayor epidemia de peste de Europa, que estalló concretamente entre 1346 y 1347, llevándose consigo a cerca de la mitad de la población total de Europa. Esta enfermedad, conocida como “La Peste Negra”, había tenido una primera aparición durante el siglo VIII en época de Justiniano por los Balcanes, y desde entonces no se habían tenido más noticias de ella.

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La peste negra es producida por el Yersina Pestis, un bacilo que se encuentra en las pulgas de las ratas, cuando dicha pulga picaba a una persona, o esta sufría algún corte en la piel de materiales contaminados, el bacilo se transmitía y se padecía dicha enfermedad. Una vez infectada la persona, empezaba a tener fiebre, dolores de cabeza, náuseas, escalofríos, a tener debilidad y se les hinchaban y dolían los ganglios debido a que las bacterias se trasladaban hasta un nódulo linfático. A esta peste bubónica se le denominó con el nombre de peste negra debido a que a los infectados presentaban marcas oscuras en la piel.

peste_6El origen de esta enfermedad se conoció en 1894, por Alexandre Yersin pero en aquella época, ante lo desconocido y la necesidad de buscar un culpable, se le atribuyó diversos orígenes como era por razones geológicas o astrales (todas ellas causadas por una castigo divino), o incluso pensaron que era por envenenamiento por parte de los judíos, ya que el número de judíos infectados fue inferior que el de cristianos, pero esto era debido a sus mejores condiciones higiénicas. También se le echó la culpa a los extranjeros y peregrinos.

La gente vivió una época de gran horror debido a la peste negra, se refleja en diferentes textos, como en la del cronista florentino que cuenta “Todos los ciudadanos hacían poco más que cargar cadáveres para que fueran enterrados (…). En cada iglesia cavaban profundas fosas hasta la napa de agua; y así, aquellos que eran pobres y morían durante la noche, eran recogidos rápidamente y arrojados a la fosa. Por la mañana, cuando un gran número de cuerpos se hallaba en la fosa, tomaban un poco de tierra y la echaban con palas sobre ellos; más tarde otros cadáveres eran depositados sobre ellos y entonces ponían otra capa de tierra, tal como uno hace lasaña con capas de pasta y queso.”

Su gran extensión se debió al auge de las relaciones comerciales internacionales, las ratas afectadas viajaban en los barcos y se extendían así por diferentes países, provocando a veces la muerte de todos los tripulantes antes de llegar a tierra. La peste negra provocó un gran caos en la población, afectando a todas las personas independientemente de su edad o rango social, esto provocó diferentes reacciones en la población: Unos se entregaron más a Dios al pensar que este les castigaba por un mal comportamiento de la humanidad y muchos otros huían, sin embargo solían llevar consigo en sus ropas o equipaje la pulga portadora de la enfermedad, por lo que contribuían a su propagación.

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La medicina no consiguió hacer nada y no encontraba una explicación a este hecho, y muchos médicos fueron infectados al atender a sus pacientes. Se tomó como una medida aislar a los pacientes infectados durante un periodo de cuarenta días (de donde proviene el término de cuarentena) y hasta entonces, cuando consideraban que ya no era peligroso, no entraban en contacto con él. Lo mismo hicieron con aquellos barcos donde había algún tripulante enfermo, les dejaban cuarenta días en alta mar y si había algún superviviente le dejaban volver.

Esta enfermedad tuvo rebrotes ocasionales de no más de dos años y locales y reaparecía cada pocos años, extendiéndose hasta el siglo XVIII y existiendo hoy en día algunos casos controlados, la mayor parte de ellos en Estados Unidos, Madagascar, China, India y América del Sur.

Fuentes

Benedictow, Ole J. La Muerte Negra. La catástrofe más grande de todos los tiempos. ESTUDIOS HISTORICOS – CDHRP- Año II – Noviembre 2010 – Nº 5. Disponible en https://www.estudioshistoricos.org/edicion5/0511LaPeste.pdf

Fresquet Febrer, José L. Alexandre Yersin (1863-1943). historiadelamedicina.org (blog); Abril, 2003. Disponible en https://www.historiadelamedicina.org/yersin.html

Galduf, Ampa. Muerte negra: la peste que asoló a Europa en la Edad Media. ARQUEHISTORIA (blog) 27 abril, 2009. Disponible en https://arquehistoria.com/historiasla-peste-negra-en-europa-384

Haindl U., Ana Luisa. La Peste Negra. s/a. Disponible en https://edadmedia.cl/wordpress/wp-content/uploads/2011/04/LaPesteNegra.pdf

Virgili, Antoni. La peste negra, la epidemia más mortífera. National Geographic 2015; 103. Disponible en https://www.nationalgeographic.com.es/articulo/historia/grandes_reportajes/7280/peste_negra_epidemia_mas_mortifera.html